Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 213 HQ (O 6HLER VH UHJLVWUDURQ HQ Q~PHUR VLJQLÀFDWLYR \ UHVSHFWLYDPHQWH mientras que en Monte Pata solo fueron 6, en Samaná 5, y en Higüey 8, lo que HV GHPRVWUDWLYR GH VX HVFDVR YROXPHQ GH WUiÀFR \ OD HQGHEOH] GH VXV FODVHV dirigentes. De los 443 dueños, 196 eran criadores y 108 eran labradores, estos últimos de conucos y fundos tabaqueros de Santiago, Moca, Puerto Plata y San Francisco Macorís, cuyo número de esclavos era menor que en el caso de los hacendados ganaderos. No es casual que el dueño del único ingenio represen- tativo del Cibao, Francisco Espaillat, fuera además el que mayor número de UHVHV H[SRUWy \ HO TXH FRQWDED FRQ HO PD\RU Q~PHUR GH HVFODYRV XQ WRWDO GH 10. Al igual que en el Sur, los congos eran la etnia mayoritaria, con un 41 % del total. 13 Sobre los esclavos de los ingenios y hatos de la jurisdicción de Santo Domingo, en la que estaban incluidos San Lorenzo de Los Mina, el área de los ingenios y Baní, contamos con una relación de 1780. En ella el número total era de 1,426, de los que 698 eran de ingenios y trapiches, 170 de estancias, 109 de hatos y 449 de haciendas de cacao. Con posterioridad a esas fechas, aunque la élite capitalina apostó por su conversión en plantadora, no contaba con re- cursos económicos para ello, ni le pudo afectar la liberalización de la trata en 1789 por su evidente cercanía del Tratado de Basilea. Se da la paradoja de que el único gran ingenio construido a partir de esas fechas, sobre un terreno que HUD VROR GH SDVWRV KDVWD HQWRQFHV IXH GH XQ LQYHUVRU YDVFR FRQ FRQH[LRQHV HQ la Corte, el Marqués de Iranda, que introdujo unos 200 esclavos, situado en Boca de Nigua, escenario en 1796 de su rebelión. 14 En cuanto a los manieles donde se refugiaron esclavos huidos de la parte francesa, las montañas del Baoruco, en la frontera entre las dos colonias y en la cercanía de Neiba, se convirtieron en uno de los lugares preferentes para su asentamiento, donde se unían a unos pocos que lo hacían desde la colonia española. Su geografía agreste facilitaba que viviesen fuera de la ley en pa- lenques, bajando de ellos para robar en los pueblos cercanos, tanto franceses FRPR HVSDxROHV 3DUD GHVWUXLUORV VH GHVDUUROODURQ H[SHGLFLRQHV SXQLWLYDV TXH tuvieron escasos resultados. Así, en 1768 se quemaron dos poblados, aunque los cimarrones lograron formar rápidamente otros nuevos. Esa política se mo- GLÀFy D SDUWLU GH ORV DxRV RFKHQWD FXDQGR VH YXHOYH D KDEODU GH VX LQWHJUDFLyQ en los entornos de Neiba. En 1783 su cabildo escribía al gobernador que el comandante había logrado hacer bajar a la villa a 46 cimarrones, de los que 42 habían sido bautizados. Trató de conseguir que se les concediese la liber- tad y unas tierras cercanas a Neiba para establecerlos en ellas. El gobernador Peralta apoyó esa propuesta por cuanto entendía que eran libres de hecho y la concesión de tierras evitaría el peligro de nuevos asaltos y favorecía su

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