Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
204 0LJUDFLRQHV \ FDPELRV GHPRJUiÀFRV /D FRQVROLGDFLyQ GH XQ SXHEOR L AS MIGRACIONES CANARIAS Y LA POLÍTICA FUNDACIONAL (1680-1795) 'LYHUVRV IDFWRUHV VH FRPSDJLQDURQ SDUD PRGLÀFDU UDGLFDOPHQWH OD SROtWLFD española en la isla de Santo Domingo. Por un lado, la crisis de la economía canaria desde la emancipación portuguesa, que convirtió a su cuestionado comercio con las Indias en una vía para obtener nuevos recursos, y la migra- ción de sus familias a los territorios vacíos del espacio caribeño la forma de SDOLDU VX VDWXUDFLyQ GHPRJUiÀFD 3RU RWUR HO ULHVJR GH SHUGHU OD LVOD FRQ OD IUXVWUDGD H[SHGLFLyQ GH &URPZHOO D 6DQWR 'RPLQJR HQ TXH FXOPLQy HQ la fácil invasión de una deshabitada Jamaica y tras la consolidación francesa en su parte occidental. Ante ese grave riesgo, la monarquía vio en la colonización de la frontera y la costa norte dominicana con familias isleñas el único medio viable para detener la penetración gala. El traslado de personas y fundación GH SXHEORV GHEtD VHU ÀQDQFLDGR VHJ~Q ÁXtDQ ORV UHFXUVRV HVWDWDOHV HQ PD\RU R PHQRU PHGLGD ELHQ SRU HO VLWXDGR PH[LFDQR FRPR RFXUULUtD SUHIHUHQWHPHQWH en el siglo XVIII o, como fue más frecuente en el último tercio del XVII , a través de privilegios mercantiles y cargos públicos a particulares, por los navieros cana- rios a cambio de la continuidad del comercio canario-americano, como delataba la Real Cédula de 1676 que vinculaba el transporte de 50 familias por cada mil toneladas, o por la asunción de su alimentación por hacendados dominicanos. La población de Canarias había pasado de 20,359 habitantes en 1585 a 105,075 en 1688. Las élites dirigentes comienzan a hablar de saturación de- PRJUiÀFD 3DUDOHODPHQWH OD SUHVLyQ GHO FRPHUFLR VHYLOODQR VREUH HO FDQDULR americano llegó a un punto álgido en su acusación de contrabando, que cuestionaba la continuidad de su régimen privilegiado. Las clases dominantes insulares fueron conscientes de la posibilidad que se les abría de vincular la continuidad de su estatus con las necesidades poblacionistas de la monarquía. En 1663 el capitán general Quiñones había propuesto al Consejo de Indias el envío de familias para poblar Santo Domingo. En 1670 el Cabildo de Tenerife solicita a su diputado en la Corte la gestión de la continuidad de su permisión y una licencia para que cada diez años puedan salir de Tenerife hasta 100 familias a poblar Santo Domingo, a las que se les debía de dar repartimiento de tierras. A partir de veinte podría nombrar un cabo para su traslado. Por este servicio piden la concesión de que los tres navíos de permisión de 200 WRQHODGDV GH OD LVOD VH FRQYLUWLHUDQ HQ GH ©UHVSHFWR GH TXH ORV YHFLQRV QR WLHQHQ FDXGDO QL VH SXHGHQ IDEULFDU HQ HOOD QDYtRVª (Q HO &DELOGR GH Santo Domingo y su arzobispo habían insistido en la necesidad de repoblar el norte de la isla con ellas. Entre los regidores más entusiastas de esa medida
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