Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
Historia general del pueblo dominicano 189 pocos recursos de que disponían, incluida la ayuda proveniente de la llamada sisa de la carne, tributo que se les había impuesto a los habitantes de Santo 'RPLQJR \ TXH FRQVLVWtD HQ SDJDU ©GRV FXDUWRV HQ FDGD DUUHO GH FDUQHª \ HQ TXH ©HQ OXJDU GH FXDWUR UHVHV TXH VH UDVWUHDEDQ HQ OD FDUQLFHUtD VH DXPHQWDVH RWUD UHV PiVª Pese a la oposición del Cabildo de Santo Domingo, consiguieron estable- FHUVH HQ VX DVHQWDPLHQWR GHÀQLWLYR HQ XQ SDGUDVWUR R SHTXHxD FROLQD MXQWR a las murallas de la ciudad. Una de las primeras acciones que llevaron a cabo los canarios fue constituir un cabildo que rigiera y organizara la nueva po- blación, que defendiera sus derechos y resolviera comunitariamente los pro- blemas que surgieran. Por su parte, el Cabildo de Santo Domingo deseaba la distribución de los colonos entre los barrios de San Antón, San Miguel y San /i]DUR FRQ HO SUHWH[WR GH EXVFDU HO ELHQHVWDU GH ORV LVOHxRV 95 En realidad no querían perder el control de las tierras que rodeaban la ciudad amurallada y para este propósito constituía un obstáculo la recién erigida población de San Carlos con los terrenos que el presidente gobernador Robles, por orden real, les adjudicó. Parece lógico que los munícipes de la capital, como representan- tes de los vecinos de esta, se opusiesen a la continuidad del establecimiento de ORV FDQDULRV \D TXH QR TXHUtDQ TXH RFXSDUDQ XQRV WHUUHQRV WDQ SUy[LPRV D OD FLXGDG DXQTXH VLQ H[SORWDU \ TXH FRQVLGHUDEDQ GH VX SURSLHGDG Lo cierto es que, cumpliendo órdenes del monarca, el gobernador don Andrés de Robles tramitó, en 1689, la compra por parte de la Real Hacienda de los terrenos sobre los que se levantó en su segunda fundación la villa de San Carlos de Tenerife. 96 Haciéndose eco de los deseos de la Corona de proteger a los colonos tinerfeños, Robles continuó aplicando lo recaudado mediante la sisa de la carne o renta de la res a mitigar las carencias de estos. También dedicó en 1688 parte del importe de dicho impuesto a reparar las cajas para arcabuces y mosquetes, deterioradas por la acción del comején, y a otros gas- tos de carácter militar. 97 En 1692 continuaba en vigor la sisa como ayuda a la villa de San Carlos. El Cabildo de la capital, por medio de su procurador en OD FRUWH )UDQFLVFR )UDQFR GH 7RUTXHPDGD VROLFLWy GHO UH\ GDGD OD H[WUHPD SREUH]D GH ORV YHFLQRV OD H[HQFLyQ GHO SDJR GH OD FLWDGD VLVD GH OD FDUQH 98 La supervivencia de la villa de San Carlos de Tenerife desde su creación hasta los inicios del siglo XVIII HVWXYR SODJDGD GH REVWiFXORV \ GLÀFXOWDGHV originadas por las maquinaciones y la presión que sobre los isleños ejercían los representantes de la élite hispano-dominicana. Rechazaban la presencia WDQ SUy[LPD GH XQ SXHEOR GH ODEUDGRUHV EODQFRV SREUHV FRQ VX SURSLR FDELO - do para la defensa de sus intereses ante la Corona. Pese a su oposición en las SUR[LPLGDGHV GH OD FLXGDG GH 6DQWR 'RPLQJR SURQWR VH KL]R QHFHVDULD R DO
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