Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

188 (O FRODSVR GH OD VHJXQGD PLWDG GHO VLJOR XVII en Santo Domingo de 543 inmigrantes canarios (casi un centenar de familias, R VHJ~Q GLVWLQWDV IXHQWHV 3RU XQ FRQWUDWR ÀUPDGR SRU OD &RURQD FRQ el capitán sevillano Ignacio Pérez Caro, estos inmigrantes fueron transporta- dos por este desde las islas Canarias. El objetivo del traslado era fomentar el FXOWLYR GH OD WLHUUD \ FRPSHQVDU ORV HIHFWRV GHO GHVFHQVR GHPRJUiÀFR IUHQWH al rápido crecimiento de la población en la zona de la isla ocupada por los franceses. 92 Fueron estos colonos canarios quienes a poco de su llegada, lu- chando con la escasez de medios, sin ver cumplidas gran parte de las prome- sas y padeciendo privaciones y enfermedades, fundaron la población de San Carlos de Tenerife. Llegaron a tener su propio cabildo, que funcionó hasta 1911. Hoy en día San Carlos es un barrio capitalino más y aún conservan sus LVOHxRV bastantes de sus costumbre y festejos. Constituyen una comunidad con carácter propio, con alto grado de cohesión entre sus miembros. Siguen rindiendo culto a su patrona, la Virgen de la Candelaria. 93 Fue el capitán Ignacio Pérez Caro quien consiguió transportar por pri- mera vez un contingente considerable de labradores tinerfeños a la Española. Había logrado reclutar en Tenerife 97 familias que sumaban un total de 552 personas. Recibió un socorro de cuarenta reales por cada una de ellas y otros cuatro reales por el portazgo de sus ropas, también por cabeza. Los gastos del reclutamiento, los de alimentación en Santa Cruz a la espera de zarpar y otros en los largos meses que permanecieron en aquel puerto, sin zarpar, ascendie- ron a 27,500 reales. Los 552 miembros de las familias que se contabilizaban al enrolarse antes de salir se habían reducido a 543, ya que cinco murieron y cuatro no comparecieron. El 6 de diciembre de 1684 desembarcaron del navío 6DQ -RVHSK en Santo Domingo. Se entregaron a los colonos canarios, en con- junto, veinticuatro azadas, otras tantas hachas de dos manos y veintinueve marranos. Cada uno de los miembros de las familias llegadas recibió entre los días del 28 al 30 de enero de 1685 un almud de maíz y dos pesos. Previamente se había provisto a cada familia de un arcabuz y alguna otra. Con los hom- bres se formó una compañía, al modo de milicias. Si bien es cierto que para facilitar su establecimiento en la isla recibieron algunos socorros, herramien- WDV \ DOLPHQWRV OD UHDOLGDG HV TXH IXHURQ LQVXÀFLHQWHV 1R UHVXOWy VHU HVWD OD tierra prometida con la que habían soñado al dejar su archipiélago. Su primer asentamiento, en los terrenos ejidales que les asignaron, se levantó en la zona del Higüero o Higüerito, a seis leguas de la capital. Era un lugar húmedo e insalubre. Fue esta la primera localización del pueblo al que llamaron San Carlos de Tenerife, en honor del monarca español reinante y de la isla de don- de procedían. Apenas tenían recursos para sobrevivir y pronto una epidemia de viruelas acabó con la vida de 126 de ellos. 94 Por otra parte, perdieron los

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