Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

190 (O FRODSVR GH OD VHJXQGD PLWDG GHO VLJOR XVII menos muy útil, para los primeros, la presencia de los isleños, al convertirse estos en sus principales proveedores de alimentos y leña. 3HVH D ODV GLÀFXOWDGHV H[WUHPDV TXH SDGHFtDQ ORV VXSHUYLYLHQWHV GHO SUL - mer grupo de familias canarias llegadas con Pérez Caro, en 1688 ya sus tierras de labranza estaban bien trabajadas y eran bastante productivas. No se les permitía cultivar las tierras ni levantar sus casas en la zona comprada más SUy[LPD D ODV PXUDOODV OR TXH RULJLQy UHSHWLGDV TXHMDV SRU SDUWH GHO &DELOGR sancarleño, que funcionaba desde 1685. Sin embargo sí estaban cultivando las tierras del Alto de las Tres Cruces con buenos resultados. Para el cuidado de sus almas, tenían un capellán, Jacinto Rodríguez de Torquemada, que les ha- bía asistido durante la epidemia de viruelas, sin cobrar la congrua, llevando a los hospitales a los afectados y llegando él mismo a caer enfermo durante cuatro meses. Pero durante largo tiempo siguieron sin medios para construir su templo. Desde Las Palmas, llegó el 12 de abril de 1689 un navío de registro que en principio tenía como destino La Habana y transportaba 20 familias cana- rias, que se destinaron a aumentar la población de San Carlos. El buque llegó en tan malas condiciones que tuvo que quedarse en Santo Domingo y, para FXPSOLU VX UHJLVWUR VH ÁHWDURQ HO GH DEULO XQDV EDODQGUDV TXH OOHYDURQ D La Habana el vino y el aguardiente procedentes de Canarias. El gobernador Robles distribuyó las familias recién llegadas entre los vecinos de San Carlos, entregándoles 300 pesos (tres pesos por cabeza), aportados por la ciudad, la tierra y tres herramientas (hacha, marraco y azada) a cada uno, con lo que que- daron gustosos y empezaron a sembrar su maíz y yuca que cogerán ahora. 99 $GHPiV GH ORV GHUHFKRV GH SURSLHGDG \ H[SORWDFLyQ GH OD WLHUUD ORV KD - bitantes de Santo Domingo representados por su Cabildo reclamaban a los canarios de San Carlos que se trasladasen a la capital o a otras localidades. El motivo que aducían para estos enfrentamientos era el peligro que suponía para la defensa y seguridad de la ciudad de Santo Domingo el valor estratégi- co que tenía, en caso de ataque enemigo, la zona en la que se había erigido la villa de San Carlos, en un promontorio o padrastro susceptible de ser tomado por posibles fuerzas invasoras y desde el cual podrían atacar la capital sin GLÀFXOWDG (Q HVWD VLWXDFLyQ VH HQFRQWUDEDQ ORV KDELWDQWHV GH 6DQ &DUORV DO ÀQDOL]DU el siglo, coincidiendo con la muerte sin descendencia de Carlos II y el comien- zo de la Guerra de Sucesión que llevaría a los Borbones al trono de España. Contaban los canarios con pocos recursos, eran conscientes de que la realidad encontrada distaba mucho de la que se les había prometido, pero estaban ya RUJDQL]DGRV \ IRUPDURQ XQD FRPXQLGDG FRQ FDUiFWHU SURSLR \ ELHQ GHÀQLGR

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