Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
Historia general del pueblo dominicano 181 al puerto de Santo Domingo, de adquirir bienes manufacturados, casi siempre por intercambio de cueros y carnes, sobre todo de vacuno. Comerciaban de contrabando, además, en ocasiones, con algún tabaco, sobre todo del Cibao, u otros escasos productos de la tierra. Prácticamente los habitantes de Santo Domingo no disponían de moneda corriente. En las últimas décadas del XVII , la mayor parte de este contrabando estaba en manos de los holandeses. En las escasas estancias, los conucos o los hatillos, amo, o más bien patro- no, y esclavo, compartían necesidades, se alimentaban de lo poco que produ- FtD OD WLHUUD R GH OR TXH VH FD]DED HQ ORV PRQWHV FX\D H[SORWDFLyQ QR SUHFLVDED inversiones. Habían desaparecido los hatos que habían vivido en décadas an- teriores momentos de auge, y solo sobrevivían como hatillos. En ellos, en los espacios ampliados con la tala de bosques, se encontraba el ganado cimarrón. De estas reses salvajes obtenían la carne y los cueros que les permitían sobre- vivir, ayudados de los cultivos básicos de los conucos y pequeñas estancias. /D YLGD HQ OD FLXGDG GH 6DQWR 'RPLQJR OD pOLWH FDSLWDOLQD y el colapso de la aristocracia colonial En esta segunda mitad del denominado siglo de la miseria, los vecinos de la ciudad de Santo Domingo llevaban una vida menos dura que la de los otros habitantes del resto de la isla, pero vivían al mismo tiempo con necesidades acuciantes sin poderlas cubrir, esperando el situado que llegaba irregular- mente y que no bastaba para remediar la pobreza imperante. En la capital residían los propietarios de las haciendas, hatos o ingenios (de estos últimos QR KDEtD \D QLQJXQR HQ H[SORWDFLyQ /DV DXWRULGDGHV FLYLOHV HFOHVLiVWLFDV \ militares, las Cajas Reales y la Real Audiencia, con jurisdicción que abarca- ba las Antillas Mayores y parte de Tierra Firme, también residían en Santo 'RPLQJR $XQTXH HO WUiÀFR QDYDO FRQ OD PHWUySROL HUD PX\ HVFDVR VH DSUR - YHFKDEDQ GH pO LQFOXVR R PiV D~Q FDVL FRQ H[FOXVLYLGDG ODV DXWRULGDGHV DVt como lo hacían del situado. Mayor era la comunicación, mediante barcos de menor tonelaje, con las otras Antillas y con los puertos de Tierra Firme. La que podíamos denominar aristocracia insular, la élite de la sociedad KLVSDQR GRPLQLFDQD VLQ WtWXORV GH QREOH]D VDOYR UDUtVLPDV H[FHSFLRQHV GH ascendencia claramente hispana, tenía sus propiedades en torno a la ciudad de Santo Domingo. Muchas de esas haciendas (estancias, hatos o antiguos ingenios que habían conocido días de prosperidad), estaban ahora abando- nadas, sin producir más que lo justo para la subsistencia y en ciertos casos, algo más, vendiendo o intercambiando por otros productos de consumo el sobrante. Los habitantes de la ciudad de Santo Domingo vivían ignorando
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