Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
172 (O FRODSVR GH OD VHJXQGD PLWDG GHO VLJOR XVII SHVRV PiV SDUD HVWH ÀQ ©\D TXH IDOWDQ ODV GRV SDUWHV GH WLHUUD SRU IRUWL - ÀFDU DSURYHFKiQGRVH GH ODV WDSLDV \ SLHGUDV TXH WLHQH OD PXUDOOD YLHMD \ TXH está sujeta a una desgracia; tomando pie en tierra el enemigo, no pudiendo LPSHGLU HO GHVHPEDUFR HQWUDUi VLQ GLÀFXOWDG HQ OD FLXGDGª 50 (Q WRWDO FRQWDED HO WUDEDMR GH IRUWLÀFDFLyQ FRQ VLHWH EDOXDUWHV GH ORV TXH UHVWDEDQ WUHV SRU HGLÀFDU SRU IDOWDU LQJHQLHUR PLOLWDU TXH GLULJLHVH ODV REUDV Estarían labrados los baluartes en piedra local y los soldados que trabajaban en su construcción se turnaban cada cuatro días, ya que al cuarto les tocaba VDOLU GH JXDUGLD 'H HVWD IRUPD VHJ~Q FULWHULR GH GRQ $QGUpV GH 5REOHV ©VH apartaban de ilícitas diversiones, haciéndose robustos y fuertes con el mode- UDGR HMHUFLFLR TXH WHQtDQª Las medidas de Robles fueron aprobadas por la Junta de Guerra de Indias. Hay noticias de que durante su gobierno tuvo trabajando en esta misma obra a unos 60 o 70 prisioneros ingleses en 1689. 51 La Junta de Guerra de Indias, en nombre de Carlos II, ordenó al virrey de la Nueva España que remitiese a la Audiencia de la Española los 12,000 pesos solicitados, para que se concluyesen las murallas de Santo Domingo según la planta del gobernador Segura Sandoval. Este aseguraba la reanudación de los trabajos y que habiendo demolido las murallas viejas, y encontrándose con bastante material procedente de ellas, había empezado a labrar una cortina ©>«@ GHVGH HO EDOXDUWH GH OD &RQFHSFLyQ KDVWD HO GH 6DQ /i]DUR GDQGR DO grueso de la muralla 15 tercios de ancho, a la cara de afuera, 5 pies de sillería, a la de adentro, 3 y en medio de ambas, unas cadenas de a 6 pies de distancia terraplenadas fuertemente en tramos breves; así hasta 4 baluartes con 4 corti- QDV \ HO DUFR \ EyYHGD GH OD SXHUWD GH OD FLXGDGª 52 Y respecto al costo de las murallas, resultaba elevado comparado con las QHFHVLGDGHV TXH SDGHFtD OD SREODFLyQ TXH FRPR \D VH KD H[SXHVWR DQWHULRU - mente, se veía en ocasiones obligada a contribuir con sus escasas posibilida- des a la realización de la obra. En 1691 entraron en las Reales Cajas por este concepto (gastos de amurallamiento, materiales y mano de obra) 1,360,000 maravedíes, equivalentes a unos 5,000 pesos de a ocho reales de plata, y ade- más un donativo de los vecinos de Santo Domingo de 89,964 maravedíes (330 pesos y seis maravedíes). 53 Durante el gobierno de Pérez Caro se gastaron FRPR PtQLPR HQ OD IRUWLÀFDFLyQ GH OD PXUDOOD SHVRV \ VLHWH UHDOHV UH - JLVWUDGRV HQ ORV OLEURV GH FXHQWDV GH ORV RÀFLDOHV UHDOHV GH +DFLHQGD GH 6DQWR Domingo. 54 En unos autos de la Audiencia fechados en 1690 se enumeraban las puer- tas de las murallas que daban al río: la de Las Atarazanas, la del Tanque y RWUD TXH QR HVSHFLÀFD HO QRPEUH 55 (Q ORV DxRV TXH UHVWDEDQ KDVWD ÀQDOL]DU
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