Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
246 0LJUDFLRQHV \ FDPELRV GHPRJUiÀFRV /D FRQVROLGDFLyQ GH XQ SXHEOR no está recogido en la ciudad el vecindario), que aunque se les aplicasen las reses de los vecinos que tienen haciendas en otros lugares solo les serviría de alivio, pero tampoco quedaría cubierto en que nada parece ganaría la repú- blica con tener un día carne barata y luego faltarle muchos días. Gracias a esa PHGLGD ©ORV IUDQFHVHV YHFLQRV VH KDQ KHFKR GXHxRV GH HVWH DEDVWR UHSDJDQGR ORV JDQDGRVª SRU FX\D UD]yQ VH H[SHULPHQWD TXH ORV FULDGRUHV ORV GHVWLQDQ D VX YHQWD FRQ SUHIHUHQFLD VLQ TXH ORV TXH ©OD JRELHUQDQ SXHGHQ SUHFLVDUORV a traer los necesarios para el socorro común por el corto interés que deja el ganado sea de obligación o voluntario y notorio agravio y perjuicio que para esta causal se les haría muy al contrario que alzado el precio al justo y corrien- WH GH XQD UHVª &RQ HO VLVWHPD DQWHULRU VH VHSDUy GHO DEDVWR VX HQFDUJDGR -RVp Jacques por haberse arruinado por lo caro de los ganados y el corto interés que le rendían en carnicería. Era una contundente denuncia del sistema de pesas, que se hallaba viciado por los bajos precios de la carne que se imponía, lo que llevaba al fraude generalizado y a la escasez de suministro para el pú- EOLFR 3URSRQtDQ FRPR DOWHUQDWLYD DOJR TXH OHV EHQHÀFLDED OyJLFDPHQWH FRPR hacendados ganaderos, el del alza del precio de las reses aventureras. Los capitulares santiagueros estaban diciendo algo que era evidente: que GHVGH WLHPSR LQPHPRULDO VH KDEtD WUDÀFDGR HQWUH DPEDV SDUWHV GH OD LVOD GH esa forma y que en ese trueque se cimentaba la economía pecuaria; que de esa forma se practicaba el intercambio sin ningún tipo de obstáculo y que lo ~QLFR TXH KL]R HO JREHUQDGRU $]ORU IXH OHJDOL]DUOR GH KHFKR HQ EHQHÀFLR GH los militares que lo controlaban en la frontera, cobrando un impuesto por las LPSRUWDFLRQHV \ ODV H[SRUWDFLRQHV 6RODQR OLJDGR D ORV *iOYH] H LQWHUHVDGR HQ su promoción dentro de la Corte gracias a la efectividad de la doctrina mer- cantilista, quiso cimentar un espectacular aumento en Santo Domingo de las relaciones comerciales entre esta y la metrópoli tras la aprobación de la Real ,QVWUXFFLyQ GH OLEUH FRPHUFLR GH TXH DEUtD DO WUiÀFR DQWLOODQR XQD VHULH de puertos peninsulares. Vio en la Real Compañía de Barcelona la alternativa para reconducir dicho comercio frente al tradicional con la colonia francesa, pero fracasó por su inviabilidad en el Cibao. Peralta y Rojas quiso ascender con una nueva tajante prohibición, guiado por los consejos de los comercian- tes catalanes, y chocó de nuevo con la realidad. Pero la claridad con que el &DELOGR H[SRQtD OD UHDOLGDG GH ORV KHFKRV WHQtD TXH OHYDQWDU QHFHVDULDPHQWH ampollas por contravenir en su totalidad la legalidad indiana. Era bien sabi- do que las autoridades gubernativas locales la incumplían sistemáticamente, pero eso se llevaba a la práctica, aunque no se decía al poder central. Los capitulares se habían lanzado precipitadamente a sostener una proposición que era demasiado peligrosa para ellos por su claridad. No era ya un indulto
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