Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 235 clases dirigentes capitalinas coincidieron en el diagnóstico de que el negro libre sobraba en la economía de plantación y debía concentrarse en pueblos similares a San Lorenzo. De ahí que las élites coincidiesen en la necesidad ineludible de la regla- mentación racial y étnica, ya que el código no era solo para el control de los esclavos sino para el conjunto de la población de origen subsahariano. El pQIDVLV HQ OD GLIHUHQFLDFLyQ pWQLFD GHQWUR GH OD VRFLHGDG GH FDVWDV UHÁHMDED un propósito: el orden público y la policía. De ahí que divida los negros libres y los esclavos, que formarán la primera clase, de los pardos y mulatos libres, que conformarían la segunda, que debía distinguirse entre primeri- zos, tercerones de los cuarterones y mestizos con sus hijos. Pero esa no era OD UHDOLGDG GRPLQLFDQD Pi[LPH FXDQGR VH TXHUtD WHQGHU KDFLD XQD VRFLH - dad de economía de plantación esclavista. El non nato código elaborado por Emparán con informaciones suministradas por las élites capitalinas tendía a agravar las penas y arrinconar a la población libre de color, diferenciando entre negros y pardos frente a mestizos más claros. Tales sanciones no lle- garían nunca a entrar en vigor, pero fueron un testimonio contundente de la imagen idealizada del régimen de plantación que se pretendía realizar en Santo Domingo. 44 A pesar de que en la segunda mitad del siglo XVIII los gobernantes es- pañoles y los partidarios de la plantación en el seno de las clases dirigentes dominicanas habían apostado por la potenciación de la esclavitud y por las UHVWULFFLRQHV D OD PDQXPLVLyQ OD UHDOLGDG HUD TXH FRPR UHÁHMy 0RUHDX GH Saint-Méry, 45 ©PLHQWUDV TXH OD FDQWLGDG GH QHJURV VHD WDQ SHTXHxD PLHQWUDV que esos esclavos se encuentren esparcidos en un territorio inmenso, no po- drán encontrarse sino alguno que otro aquí y allá, y por lo tanto, al no poder ser sometidos a una estricta disciplina, que no es útil sino en los grandes ta- lleres, su suerte será siempre análoga a la de sus amos, de los que son más ELHQ FRPSDxHURV TXH HVFODYRVª 'RV HUDQ ODV SUHRFXSDFLRQHV HVHQFLDOHV GH ODV pOLWHV VRFLDOHV HQ UHODFLyQ FRQ ORV HVFODYRV GHO H[WUDUUDGLR FDSLWDOLQR HO H[FHVL - YR Q~PHUR GH GtDV GH ÀHVWDV TXH GLVIUXWDEDQ \ OD DOLPHQWDFLyQ &RLQFLGtDQ HQ OLPLWDU DTXHOODV ÀHVWDV HQ ODV TXH VH OHV LPSHGtD WUDEDMDU +DEtD XQDQLPLGDG entre las clases dirigentes para limitarlos, pero ninguna legislación restrictiva pudo entrar en vigor. En lo referente a la alimentación, los hacendados aboga- EDQ SRU H[FXVDU OD UDFLyQ GH WUHV OLEUDV GH FDUQH VHPDQDOHV TXH GHWHUPLQDEDQ las ordenanzas y su compensación por otros mantenimientos originados por la hacienda, tales como arroz, maíz o habas. Otra preocupación alegada por ORV KDFHQGDGRV HUD OD GH ODV HQIHUPHGDGHV ÀQJLGDV $OXGtDQ TXH FRQ HOODV VH perdían muchos días de trabajo.

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