Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
234 0LJUDFLRQHV \ FDPELRV GHPRJUiÀFRV /D FRQVROLGDFLyQ GH XQ SXHEOR 35 a 40 negros cada uno con una producción de 20 a 22,000 arrobas de azúcar anuales. Otros once, de 12 a 15 peones, se dedicaban a hacer mieles o melao. (Q HQ WRGD OD MXULVGLFFLyQ GH 6DQWR 'RPLQJR LQFOXLGR %DQt H[LVWtDQ FRQ XQ WRWDO GH HVFODYRV 8QD H[SRVLFLyQ FRHWiQHD GH WDO iPELWR WHUULWRULDO reseñó que había 10 ingenios de 80 hasta 100 negros, 10 de 40 hasta 50, 20 WUDSLFKHV GH PHODGR GH KDVWD QHJURV &RQ OD H[FHSFLyQ GH ORV GRV GHO valle de Baní, estaban erigidos en las riberas del Haina, del Nigua, del Nizao y cerca del Ozama. Hacia 1796 en Boca de Nigua con capitales del hacen- dado e industrial vasco, el Marqués de Iranda, se constituyó el mayor de la FRORQLD FRQ PiV GH HVFODYRV TXH IXH OD H[FHSFLyQ SRU VXV GLPHQVLRQHV \ características. 42 El fenómeno más llamativo de la segunda mitad del siglo XVIII es el de la irrupción de las haciendas de cacao, prácticamente desaparecidas tras la grave crisis de mediados de la centuria anterior. En 1788 había 7 de 15 a 20 negros y 10 de 6 a 8. Ocho años antes se registraron 20 con 449 esclavos. Todas ellas estaban establecidas entre el Haina y el Nizao. Junto con estas convivían las estancias para el abastecimiento interno de la capital que al- bergaban 170 y los hatos con 109, por lo que el total de esclavos de la región era de 1,426. 43 7RGR XQ F~PXOR GH IDFWRUHV FRQWULEX\y D H[SOLFDU OD DEXQGDQFLD GH población liberta en el cinturón agrícola de la capital. La decadencia de la economía de plantación azucarera, la abundancia de tierras abandonadas FX\RV SURSLHWDULRV HUDQ LQFDSDFHV GH SRQHUODV HQ H[SORWDFLyQ ODV IDFLOLGDGHV SDUD REWHQHU OD PDQXPLVLyQ FRQGXFtDQ D OD H[LVWHQFLD GH XQD DEXQGDQWH mano de obra libre que a los ojos de los hacendados quería ascender social- mente en la segunda mitad del siglo XVIII , a imitación de sus homónimos de Saint-Domingue y de Cuba, un obstáculo peligroso que había que eliminar. Las ordenanzas capitalinas de 1768 fueron el primer instrumento jurídico que incidió en la necesidad de limitar los arrendamientos, considerados una incitación perniciosa a la deserción de los esclavos. Para evitar esos males se ordenó delimitar estrictamente el área destinada a la cría. Pero, frente a tales reglamentaciones, seguían imperando en la práctica los arrendamientos de tierras a libertos. De ahí el énfasis puesto en la obtención de un código negro a imitación del galo para regular no solo la esclavitud, sino también a los libertos. La obsesión por su control propiciaba la implantación de graves penas a los defraudadores y el tratamiento como esclavo que no lo llevase ©HQWUHWDQWR VH DYHULJXD VL OR HVª (Q XQD FR\XQWXUD SDUDOHOD D OD UHEHOLyQ de esclavos en Saint-Domingue, como ha estudiado Raymundo González, reapareció en los alrededores de la capital el miedo al negro comegente. Las
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