Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

232 0LJUDFLRQHV \ FDPELRV GHPRJUiÀFRV /D FRQVROLGDFLyQ GH XQ SXHEOR ODV GH SHTXHxD H[WHQVLyQ \ ODV GH PD\RUHV GLPHQVLRQHV 6REUH ORV SULPHUDV FRPR VHxDOD 0RUHDX GH 6DLQW 0pU\ ©HQ OD PD\RU SDUWH GH ORV KDWRV GH OD parte española el propietario mismo es el mayoral; sus hijos son los peones o lanceros, a menos que esos empleos sean desempeñados o compartidos por DOJXQRV QHJURVª 9LYtDQ WDQWR pO FRPR VX IDPLOLD HQ XQD FKR]D GH HVWDFDV \ tablas, cubierta de paja, con una sala de 12 a 19 pies, en la que se ubicaban una mesa, dos o tres taburetes y una hamaca. Para acostarse había una pieza un poco más pequeña con uno o varios lechos. Su suelo no estaba enladrillado. Su desayuno consistía en una taza de chocolate o de café o una infusión de jengibre con un plátano asado. En la comida y en la cena se alimentaban con arroz, raíces y frutas del país, tales como ñames, casabe, plátanos y carne, a veces fresca, pero lo más de las veces salada o ahumada. Su trabajo consistía en el amanecer en la inspección de sus pequeñas siembras que les garantiza- sen su subsistencia. Su ronda se limitaba a los animales corraleros. Para los demás, si eran numerosos, se necesitaban varios días de trabajo para reunir- ORV \ HQFHUUDUORV 6L HUDQ H[WUDYDJDQWHV RUHMDQRV R DO]DGRV GHEtD FRQWDU FRQ numerosas personas para juntarlos y soltar muchos perros para acosarlos en las montañas. Esta operación se llevaba a cabo cuando era necesario pagar el impuesto, que era la contribución que cada propietario estaba obligado a pagar en animales para el consumo de la ciudad de Santo Domingo. Se arre- glaba cada año por el regidor que había tenido durante el año precedente la administración de los pesos y medidas. Consistía en 80 cabezas de animales machos de más de tres años. Si el hato era grande se pagaba de una vez, pero si era pequeño varias veces. 40 Los de grandes dimensiones estaban al cuidado de un esclavo con el título de mayoral que procura obtener dinero para acce- der a la libertad. En la región suroriental la totalidad de los propietarios residía en el hato \ OR H[SORWDED GLUHFWDPHQWH JHQHUDOPHQWH FRQ OD D\XGD GH VX IDPLOLD /RV más acomodados se valían de algún esclavo u hombre libre para ayudarse y solo unos pocos contaban con a lo sumo dos o tres esclavos, que en su mayoría procedían de la procreación, dados los escasos recursos económicos disponi- bles. La élite de Bayaguana, Higüey o El Seibo, en el mejor de los casos, vivía en una posición precaria y con niveles de renta escasos, pues siguió morando en bohíos y con escasa capacidad de adquisición de bienes materiales, dadas las reducidas posibilidades de comercialización de sus producciones y los muy reducidos contactos con la región fronteriza. Esta era la vida de la élite social, poseedora de unos pocos cientos de cabezas de ganado, de un número escaso de esclavos, en su mayoría obtenidos por la vía de la reproducción por su elevado precio y escasa disponibilidad de capital. Vivían en bohíos

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