Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
228 0LJUDFLRQHV \ FDPELRV GHPRJUiÀFRV /D FRQVROLGDFLyQ GH XQ SXHEOR Caribe español, en los buques correo o desembarcados en naves sobrecarga- GDV GH HPLJUDQWHV TXH IXHURQ ÁHWDGDV SDUD /D +DEDQD FX\R FDVR PiV HVFDQ - daloso fue el del 6DQ $QWRQLR en 1784, que dejó en tierra en Monte Cristi a 86 SROL]RQHV TXH IXHURQ HPSOHDGRV FRPR VROGDGRV GHO EDWDOOyQ ÀMR GH OD SOD]D Unos pocos alcanzaron un nivel de vida que les permitió educar incluso a sus hijas en colegios de Saint-Domingue. Dajabón prosperó como centro ganadero. Buena parte de la propiedad GH OD WLHUUD UHFD\y HQ VXV YHFLQRV DXQTXH ODV iUHDV SUy[LPDV D 6DQWLDJR VL - guieron estando en mano de hacendados de esa ciudad. Sus ventas en Saint- Domingue de reses, cerdos, cueros y madera permitieron concentrar en las manos de un notable sector de sus habitantes algún esclavo. Una minoría pudo adquirir un número mayor. 35 Si bien la constitución de élites locales, con base económica esencial en la ganadería, fue el rasgo mayoritario de la sociedad dominicana, otra caracte- rística original del siglo XVIII dominicano fue la formación de un campesinado blanco y liberto dedicado esencialmente bien al abasto de la ciudad, como acaeció con el de San Carlos de Tenerife y San Lorenzo de Los Mina, y en menor medida en Azua y algunas áreas aisladas de la frontera, o al cultivo del tabaco y la cebolla, como fue el caso de Puerto Plata, de San Francisco Macorís, de Moca y muy especialmente de Santiago. Fue sin duda el tabaco en esa última ciudad el eje esencial de constitución de ese sector social. Para el martiniqués Moreau de Saint-Méry, el crecimiento GH 6DQWLDJR VH H[SOLFDED SRU OD H[SDQVLyQ GHO FXOWLYR GH WDEDFR (Q ORV partidos en que residían los feligreses aplicados a esa labor se encontraban situados a tres leguas de distancia de esa ciudad los más retirados, aunque esto debía entenderse de los contenidos dentro de su jurisdicción, ya que los de Moca entraban dentro de La Vega. El gobernador Azlor en un informe de 1770 precisó que las arrobas recogidas eran diez mil anuales, siendo culti- vado por 247 vecinos con 202 esclavos que los ayudan, lo que demuestra su característica de producción familiar con algunos propietarios con un número reducido de esclavos en sus plantaciones. La Corona trató de impulsarlo a WUDYpV GH VX H[SRUWDFLyQ D 6HYLOOD 6H FUHy XQD IDFWRUtD SRU 5HDO 2UGHQ GH de octubre de 1763 que en los primeros momentos hizo que la producción DXPHQWDUD FRQVLGHUDEOHPHQWH H[WHQGLpQGRVH SRU WRGD OD 9HJD 5HDO KDVWD Cotuí. En 1772 el gobernador Solano escribía a la Corte sobre el incremento de las siembras, de tal forma que en 1772 tenía almacenadas 12,000 arrobas para remitir a las fábricas de Sevilla. Estimaba que al año siguiente la carga podría ascender a 18,000. Sin embargo, en bien corto plazo el estanco se convirtió en un serio obstáculo para su desarrollo, ya que los cosecheros se veían obligados
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