Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 221 3ODWD ©QR KD TXHGDGR KRPEUH EODQFR \ VRQ DOFDOGHV GRV PXODWRVª 5HÀULy TXH solo albergaba 97 personas de confesión, 22 españoles y 14 mujeres entre ellas. (Q WRGD HOOD VH KDOODEDQ ERKtRV 'HVFULELy D %D\DJXDQD FRQ VROR ©QXHYH ER[tRV TXH IXHUD GH XQR VRQ XQDV FKR]DV DVLVWHQ HQ OD FLXGDG GLH] SHUVRQDV pardas, miserables, chicas y grandes. La gente de confesión que le pertenece son ciento cuarenta; las treinta españoles varones, veinte y una mujeres, once HVFODYRV ORV GHPiV SDUGRV OLEUHVª (VWD SREUH]D HUD WDPELpQ FDUDFWHUtVWLFD GH Higüey, de la que dijo que tenía 23 casas con 144 personas de confesión, 22 de ellos españoles, 18 mujeres blancas y 21 esclavos, mientras los demás eran ©JHQWH SDUGD \ PXODWRVª (Q (O 6HLER OD VLWXDFLyQ HUD VLPLODU FRQFHQWUiQGRVH la propiedad de la tierra en los hacendados capitalinos. Por aquel entonces FRQWDED DSHQDV FRQ YHLQWH YHFLQRV SHUR WHQtD ©EXHQRV SDVWRV SDUD JDQDGR mayor y en su término hay más de cincuenta mil cabezas de los vecinos de la ciudad de Santo Domingo, porque los vecinos del Seibo no tienen caudal \ VyOR WUDWDQ GH VXV SREUHV ODEUDQ]DV SDUD VXVWHQWDUVHª (Q VH FLIUy HQ 300 las personas de confesión, siendo 27 españoles varones, 14 hembras, 70 esclavos, y los restantes pardos y mulatos libres. Albergaba 18 bohíos. 24 Por su parte, en Santo Domingo la élite azucarera del siglo XVI , que con- trolaba todos los aspectos de la vida local, será progresivamente reemplazada por otra originaria de otras partes de las Indias y de la Península que enlazará con las pocas familias del anterior origen que permanecieron esencialmente JUDFLDV D OD ÀQDQFLDFLyQ SRU ODV UHQWDV GH OD 5HDO +DFLHQGD UHPLWLGDV GHVGH 0p[LFR HO FpOHEUH VLWXDGR 6X GHSHQGHQFLD VHUi WDO TXH FDGD YH] TXH VH UH - tardaba el arribo de tales capitales, se notaba con toda su crudeza. En general, tanto los soldados como los burócratas vivían endeudados, ya que tales suel- dos solo servían para abonar sus deudas y comenzar a recibir a cargo de ellos. Esa élite militar ascendía cada vez más en prestigio social en la colonia y se asentaba como clase dirigente a través de su enlace con la añeja oligarquía. 3HUR HQ HVH SURFHVR VH GLHURQ FRQÁLFWRV FRPR HO DFDHFLGR HQ FXDQGR pese a su posición en la defensa de la ciudad, no contaban con un lugar se- ñalado en las funciones solemnes de acuerdo con la nobleza de su rango y RÀFLR (O &RQVHMR GH ,QGLDV RUGHQy D OD $XGLHQFLD TXH OHV VHxDODVH XQ OXJDU SUHHPLQHQWH DO ODGR GH OD HStVWROD HQ HO DOWDU ©\D TXH ORV GLFKRV PLQLVWURV GH OD JXHUUD VRQ JHQWH QREOH \ HQ HOORV FRQVLVWH VX FRQVHUYDFLyQª &RPR UHÁHMD Moya Pons, esa pugna por mostrar su preeminencia dentro de la Iglesia entre la élite militar y los regidores y alcaldes revelaba una pugna mucho más tras- cendente en la sociedad. El hecho de que resultasen triunfantes los militares era la prueba tangible del terreno perdido por los antiguos dueños de los inge- nios. La capital dominicana era ahora para la Corona una región estratégica.

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