Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
656 La recuperación del siglo XVIII esclavos, dinero y mercancías que eran recibidos como alimento para el maltrecho cuerpo de la colonia. Trajeron, por tanto, un alivio a la pobreza y escasez que se arrastraba desde el siglo XVII , hasta el punto de que esta activi- dad permitió la formación de medianas fortunas y constituyó un estímulo al comercio interno y a la economía general. A ellos se debió en buena parte la defensa de la colonia por el mar, como lo hicieron por tierra lanceros y mon- WHURV $O PLVPR WLHPSR SDUWLFLSDURQ LJXDOPHQWH GHO ©PDO PLOLWDUª \ IXHURQ UHVSRQVDEOHV GH H[FHVRV \ GHVPDQHV TXH HQFXEULHURQ EDMR OD ULHVJRVD ODERU que realizaron. Corsarios y economía del contrabando Otra de las peticiones hechas por Franco de Torquemada en su ©5HSUHVHQWDFLyQª DO UH\ WUDWDED VREUH FRQFHGHU D 6DQWR'RPLQJR ©FRUVRV OLEUHVª esto es, sin pagar lo correspondiente a la Real Hacienda, lo que fue obviado por la Corona. En efecto, hasta 1718 se pagó solo el almojarifazgo correspondiente al valor de las presas capturadas, es decir, el 8 %. A partir de 1733 se añadió otro 5 % para totalizar un 13 %. Con la llamada guerra de la Oreja de Jenkins se redujo al 8 % y en 1745 se declaró libre de impuestos la actividad corsaria, por YH] SULPHUD $ FDPELR ORV FRUVDULRV ©WXYLHURQ TXH DVXPLU OD REOLJDWRULHGDG GH SDJDU XQD WDVD VREUH HO EHQHÀFLR GH OD YHQWD GHO FDUJDPHQWR GH OD SUHVDª $Vt continuó por un lustro, ya que tampoco se pagó esta última tasa en la colonia. ©(Q XQD &pGXOD 5HDO GH IHEUHUR GH \ PiV WDUGH HQ ODV 2UGHQDQ]DV GH 0DGULG HVSHFLÀFDED TXH GHEtD DERQDUVH WDQWR HO FRPR HO GHO YDORU HVWLPDWLYR GH WRGDV ODV SUHVDVª 64 Mas las precauciones que tuvo la corte para QR DWHQGHU D HVD SHWLFLyQ GHO &DELOGR SURQWR VH YLHURQ FRQÀUPDGDV FRQ KHFKRV que proporcionaron argumentos poderosos. Tras otorgarse las primeras licencias de corso por el gobernador Severino de Manzaneda, en 1700, se tuvo el feliz resultado de que se ahuyentaron ORV EDUFRV H[WUDQMHURV TXH VXUFDEDQ HO PDU DQWLOODQR SXHV ©VH UHJy OD YR] en el Caribe de que los españoles de Santo Domingo no respetarían ningún QDYtR TXH VH DFHUFDUD D VXV SOD\DV GH QLQJXQD QDFLRQDOLGDG TXH IXHVHª 65 0DQ]DQHGD FUH\y KDEHU GDGR FRQ OD VROXFLyQ DO LQYHWHUDGR ©YLFLR GHO FRQWUD - EDQGRª DGHPiV GH KDFHUVH FDUJR GH OD GHIHQVD GH OD FRORQLD VLQ HO FRQFXUVR de la Armada de Barlovento, que apenas se ocupaba de esta parte oriental de la región. Como indica Moya Pons, El entusiasmo original producido por las primeras presas atrapadas no duró mucho pues ya al año siguiente, en 1701, la Audiencia de
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