Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
Historia general del pueblo dominicano 595 35 años, fue vendido por 280 pesos a Michela Francisco por Josefa Velásquez en 1772. Vicente, mandinga, con tacha de embustero, fue comprado en julio de 1775 por el cura Pedro Palomino a Damián Jiménez. Meses después, en diciem- bre, Palomino vende a Vicente y a Petrona a Pedro de Villafaña. En 1781, Juan Marcos Peguero y su esposa Josefa Mejía venden a Vicente y Petrona a Esteban Aquino. Por Vicente paga 260 pesos y por Petrona 230. En seis años, hubo cinco dueños diferentes. Juan Marcos Peguero compró a Andrés de Castro un es- clavo en 1794. Juan Ventura, negro de nacionalidad francesa, fue vendido por Esteban Rivera a Manuel Castillo y su esposa María Valverde, en 1777. Un año después lo vendieron a Damián Lugo y su esposa Dionisia Díaz. Simón Vosal, carabalí de 40 años, fue vendido en 1782 por Manuel Castillo a Nicolás Peguero. Seis años después, ya con 45 años, fue vendido de nuevo por Ignacio Peguero a Juan Mejía. En cinco años cambió de dueño por lo menos 4 veces. En 1780, María Rodríguez vendió una familia, marido, mujer y cría, a Antonio López. En 1789 se recibió en el Cabildo copia de una Real Cédula que ordenaba hacer efectivo un buen trato, garantizando educación y defendiendo el estado físico y moral de los esclavos. 20 &RPSUD GH OLEHUWDG SRU IDPLOLDUHV En algunos documentos se observa que las madres priorizaban la compra de libertad de sus hijos e hijas antes que la suya propia. Lo mismo se aprecia con relación a los esposos o hijos hacia el padre. Los casos encontrados en el Archivo Real de Bayaguana sobre este tipo de compra de libertad son los siguientes: Juan Díaz obtuvo su libertad en 1744, debido a que su madre pagó 40 pesos por su carta de libertad a Manuel Núñez. Primero la de su hijo, antes que la suya. En 1746, la libertad de María de la Encarnación, de un mes y cuatro días, fue comprada por 25 pesos, por su madre María de Santa Ana a su dueño Domingo Santana. Cuatro años después, en 1750, María de Santa Ana compró la carta de libertad primero de su hija, luego la suya. 21 6iQFKH] 9DOYHUGH H[SUHVy VX RSLQLyQ HQ FRQWUD GH OD FRPSUD GH OD OLEHU - tad de niños y niñas esclavizados: >«@ (O KLMR TXH VH H[WUDKH DXQ DQWHV GH QDFHU GHO GRPLQLR GHO $PR con solos cien reales de plata, y después de nacido, con veinte y cinco pesos, a cuya percepción se obliga al dueño, si la resiste. ¿Y quién no ve la iniquidad y los perjuicios de este sistema, que quiere aparen- tarse piadoso? [...]. 22
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