Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
Historia general del pueblo dominicano 581 Las leyes coloniales obligaban a las mujeres esclavizadas al trabajo. Restringían su movilidad. Y como a todas las mujeres, su cuerpo fue objeto de debate y reprimenda por violación al orden establecido. Bajo la jurispru- dencia colonial los negros y negras, mestizos o mulatos podían ser objeto de compra y venta. Los amos aseguraban el control de la fuerza de trabajo escla- va. En Santo Domingo colonial, hombres y mujeres esclavos ejercían diversos ȱ ȱ ęǯȱ ȱ ȱ ȱ ȱ ȱ ·ǯȱ Çȱ ȱ mayordomos, jardineros, o eran doncellas de casas, cocineras, amas de crías, lavadoras, agricultoras o vendedoras. 52 A las negras esclavas o libres se las obligaba a preservar el decoro y el control de sus cuerpos, como se reglamentaba a las otras mujeres de las co- lonias. Por ejemplo, las negras esclavas eran aparcadas por las amas cuando estaban menstruando, así como era la costumbre de las mujeres blancas, y se les exigía decoro y tratamientos especiales para sus cuerpos en los períodos menstruales. A todas las mujeres de la colonia se les exigía un estricto control de su cuerpo, bajo el argumento de la honra. Se les pedía prudencia y virtud. Sus vestimentas, no solo por la calidad de los textiles, representaban estatus de clases, sino por el uso del color o los adornos, mantillas u otros atuendos corporales. La mantilla que usaban las meretrices negras, mulatas o blancas libres se ponía de medio manto y las honradas eran mantas completas. 53 Por ejemplo, a las negras ganadoras se les prohibía vender ropas de cualquier género, así como tener casa. 54 Las mujeres negras no solo eran explotadas por sus amos en los clásicos trabajos rurales o domésticos, sino que también las ȱ¢ȱȱȱȱȱȱęȱǯ De acuerdo con Carlos Esteban Deive, el arzobispo de Santo Domingo escribió al rey, en dos cartas fechadas una el 10 de febrero de 1713 y la otra el 8 de junio de 1715, acusando a los esclavistas de abusar de las mujeres negras y de obligarlas a prostituirse. Dice el arzobispo que las mandaban a las calles desnudas de la cintura para arriba para provocar a los hombres faltando a la honradez de las mujeres y a la decencia de la ciudad. 55 Igualmente se condenaba a las negras ganadoras y a las libertas por la práctica de prostitución sin consentimiento del amo. Muchas de estas mujeres ahorraban para comprar su libertad, y la prostitución era un medio no medi- ble por el amo para la obtención de recursos económicos. Se destacan aquellas que eran de propiedad de los dos conventos de monjas. Otras, en cambio, conseguían su libertad porque se la compraban a su ama. Tal es el caso de la carta de libertad que le otorga Emiliana Tejera a su esclava María Concepción ante el alcalde ordinario Benito Alfonso de la Guardia. 56
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