Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
576 (O FXHUSR \ HO RUGHQ ODV PXMHUHV EDMR YLJLODQFLD HQ OD FRORQLD GH 6DQWR 'RPLQJR VLJORV XVI a XVIII ȱȱȱȱȱȱ¢ǰȱȱȱ¢ȱȱĚàǯȱ ȱȱ a ser implementado de manera calendarizada, a partir de la cristianización en la colonia de Santo Domingo. Durante la cuaresma y las celebraciones de la Semana Santa el orden re- mite al «tabú del esperma» y de ciertos alimentos como la carne. Las abstinen- ȱȱȱȱȱęȱȱȱȱȱȱȱǯȱ ȱȱȱȱȱȱęȱȱ ȱȱȱ£ȱ¢ȱȱȱ conmemorado en la misa con el sacramento de la comunión. Esto indica que la sangre también adquiere un tabú que da distinción y establece jerarquías entre los clérigos y laicos. En la península ibérica se establece entre los nobles una jerarquización por el origen de sangre, por lo que el parentesco se asocia con la sustancia corporal, la sangre. Además, encontramos expresiones en la colonia de Santo Domingo que aluden al origen de sangre para establecer relaciones jerárquicas. Lo corpo- ral expresado en la sangre muestra la razón social y política de la legitimación del poder sobre los otros. La legitimación de la sangre marca la bio-política del cuerpo y la diferenciación, no por lo que ofrecen la cultura y el lenguaje, sino por un sujeto representado por la sangre. Y una de ellas era la sangre. La biología es poder, pero no todas las mujeres gozaron de ese poder, porque a pesar de que entre las nobles blancas la sangre la hacía sujeto de re- presentación y el tabú sobre la menstruación recaía sobre ellas estableciendo ȱȱȱ¡ǯȱ ȱȱȱęȱȱȱȱȱ - ordinación frente al varón, pues los pensadores coloniales tenían numerosas razones para litigar sobre la inferioridad de las mujeres. Los clérigos y autoridades peninsulares resaltaron las prohibiciones que el Antiguo Testamento dirigía a las mujeres. Durante el período menstrual no debían ser tocadas o darse a la cópula por razones de limpieza y por asociar la «regla» con enfermedades. El cuerpo femenino se desprecia, no solo por el pecado y la expulsión del paraíso cristiano, sino también por la depreciación de su propia biología. Estos argumentos marcaron las diferencias sociales entre hombres y mujeres en la colonia. Si el esperma es una mancha, la sangre menstrual es impura. En la colo- nia de Santo Domingo las mujeres estaban destinadas para el matrimonio o el convento. Con el matrimonio se aseguraba su sexualidad y su cuerpo era controlado por la Iglesia y su hombre. De ella dependían el honor, el patrimo- nio y el linaje de la casa, dado el manejo que le diera a su cuerpo. La prudencia se resaltaba y su sexualidad era vigilada desde la pubertad, es decir cuando apareciera la marca de la sangre, hasta el matrimonio. Las mujeres solteras no eran bien vistas y se las acusaba de brujas o anormales.
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