Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
566 (O FXHUSR \ HO RUGHQ ODV PXMHUHV EDMR YLJLODQFLD HQ OD FRORQLD GH 6DQWR 'RPLQJR VLJORV XVI a XVIII número de personas. El nuevo escenario permitió que se pasara de un lado a la reprimenda, por las violaciones y, por el otro, al retozo por el exceso. Sin duda varios factores afectaron los códigos impuestos por la Corona. ȱȱȱȱȱȱàȱ·ȱȱȱǰȱȱ¢ȱ pueblos originarios de la isla. El estímulo desatado por la no renuncia al goce, a pesar de la represión y la repugnancia que la Iglesia católica predicaba en su oratoria contra los pecados de la carne, no limitó la concupiscencia, ni la ȱȱȱǯȱ ȱȱȱȱȱȱ - piscencia y otros los comportamientos. La doble moral primó en la colonia y traspasó los siglos hasta hoy. En el nuevo escenario aparecieron las contradicciones éticas y el mestiza- je. La ambigüedad moral fue la regla. Las pautas impuestas sobre el cuerpo, el matrimonio y la familia se vieron afectadas por la nueva realidad que se gestó en la colonia. Las nuevas uniones interraciales crearon relaciones ignoradas hasta entonces en el mundo occidental 21 que resultaron escandalosas para los nobles, virtuosos y personas de letras de la época. Las ansias del querer desataron los amores ilegítimos y la fuerza del deseo. Por tales observancias, a las mujeres en las nuevas tierras se las sometía a vigilancia. Y el papel de la ley era controlar su cuerpo. Para las mentalidades eclesiásticas y estatales, el cuerpo se empapaba de una dimensión pecaminosa y vulnerabilidad, pues lo asociaban con la naturaleza y como fuerza de trabajo. En ese modelo de pensamiento, el cuerpo es un territorio marcado por el sufrimiento, el pecado, lo corrompible y sucio, cuya única salida es liberarlo por medio del bautismo o en última instancia con la extremaunción. Todo está manejado para entender la vida como un sufrimiento, propio del legado de la cristiandad en la cultura. En este orden, el cuerpo es completamente «una cárcel del alma». 22 De ser así, las mujeres tienen gran culpa de ese sufrimiento. Su cuerpo es tabú por estar marcado por el pecado original: lo femenino es pecaminoso y correccio- ǯȱ ȱǰȱȱȱȱ¢ȱ¢ȱȱęȱȱȱȱȱȱȱȱȱ del orden. ȱ ȱ ȱ Çȱ ȱ ȱ ȱ ȱ ȱ ȱ orden social establecido. No obstante, las prostitutas estaban restringidas a los burdeles públicos. En Santo Domingo en el siglo ѥѣіǰ a petición de un español llamado Juan Sánchez Sarmiento, se concedió la licencia por Cédula ȱřŗȱȱȱȱŗśŘŜȱȱȱęàȱȱȱȱȱȱȱÇǯȱ ȱ mancebía se estableció cumpliendo las órdenes reales de mantener el respeto y aislar a las mujeres rameras de las virtuosas. 23 Se alegaba que con esto se mantendrían el orden y el honor público y se evitaría que las mujeres casadas
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