Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
534 0RQWHUtDV \ FDPSHVLQRV PRQWHURV los grupos sociales más bajos, inclusive de los que dejaban la montería. Dicho incremento de los pequeños cultivos se muestra con claridad en los informes de las villas realizados por el provisor del Arzobispado de Santo Domingo en 1784, siendo notorio su aumento en las villas situadas al este, ubicadas en la región más alejada de la frontera con el Santo Domingo francés. 48 Sin embar- go, los enfrentamientos de mayor envergadura surgirán frente a los grandes cultivadores quienes comenzaban a establecer plantaciones de productos tro- picales destinados a la comercialización con la metrópoli y presionaron para obtener las tierras de las monterías. 3UHVLRQHV SRU OD WLHUUD GHO 3DOPDU HQ 6DQWLDJR En la región Norte de la colonia también hubo intentos de despojos a los propietarios de sitios comuneros dedicados a la montería. Este fue el caso GH ODV WLHUUDV GHO 3DOPDU FRQ XQD H[WHQVLyQ GH FDEDOOHUtDV VLWXDGDV HQ ODV estribaciones del pico Diego de Ocampo, a más de cuatro leguas de Santiago de los Caballeros. El desalojo aprobado por el Cabildo de Santiago en 1787 fue apelado al año siguiente en la Real Audiencia de Santo Domingo, donde fue anulada la disposición de desalojo. Los monteros y pequeños hateros de este sitio favorecidos en apelación pueden contarse entre aquellos que habían seguido la pauta de la integración a la economía regular de la colonia. No obs- tante el fracaso del despojo del Palmar, el caso ilustra los medios de presión TXH XWLOL]DURQ ORV KDFHQGDGRV SDUD H[WHQGHU VXV FXOWLYRV \ SURSLHGDGHV En dichas tierras del Palmar los copropietarios Alejandro Gómez, Isidro Gómez, Dionicio Trinidad de Peña, José Hermosén, Lorenzo Ortega, José de Peña, Gabriel de Peña, Juan Gómez y José Gómez, tenían desde décadas atrás un sitio comunero para la crianza de ganado porcino —con lo cual sustenta- ban a sus familias— y una montería para la caza de animales cimarrones, para entonces en disminución. Los condueños habían sido inquietados en su pose- sión por sus vecinos hacendados don Vicente Siri, don Domingo Cid Reyes, don Pedro de Ortega Salcedo y Domingo Ulloa, vecinos de Santiago y dueños de las haciendas de Quinigua y Jacagua, quienes se dedicaban al cultivo de tabaco. Estos últimos habían promovido en el Cabildo de Santiago se decla- rara la zona mencionada del Palmar como tierras de labranza, como en efecto lo declaró en una ordenanza el referido cabildo, dándoles un plazo de quince días para desalojar a todos los cerdos que tuviesen. De modo que los vecinos criadores y monteros estaban obligados a desprenderse de sus posesiones y venderlas a los hacendados vecinos deseosos de ampliar sus plantaciones de tabaco o, por el contrario, convertirse ellos mismos en agricultores.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3