Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 533 ©HQ TXHPDU ODV VDEDQDV \ TXH HVWH ODV G>p@ TXHPDGDVª OR TXH FRQOOHYDED una multa de veinticinco pesos en caso de incumplimiento. (VWH WLSR GH DFXHUGRV TXH EXVFD SRQHU QRUPDV \ UHVWULFFLRQHV D OD H[ - plotación desordenada de las monterías con el propósito de hacerlas más SURGXFWLYDV H[SUHVD XQD WHQGHQFLD D OD LQFRUSRUDFLyQ GH ODV PRQWHUtDV HQ la economía mercantil de la colonia. Fueron hechos motu proprio por los he- rederos y condueños de derechos, hateros medianos y pequeños que habían devenido en monteros a causa de la pobreza de la colonia. Los mismos se repiten en otras zonas de la región oriental, 46 por lo que se puede colegir que VH H[WHQGLHURQ D RWURV SXQWRV GH OD JHRJUDItD GH OD FRORQLD GRQGH OD PRQWHUtD \D WHQtD DUUDLJR 1R REVWDQWH OD LQTXLHWXG VRFLDO HQ ORV FDPSRV VH LQWHQVLÀFy en los años subsiguientes. &RQÁLFWRV HQ HO PXQGR UXUDO ©OD FULDQ]D TXLWD OD ODEUDQ]Dª Paralelamente surgieron otros problemas que llevaron al enfrentamiento entre criadores y cultivadores, aunque ahora se trataba de conuqueros o vivi- dores que ejercían la montería para la subsistencia, acaso de manera furtiva. En efecto, en 1732 unos criadores del Seibo se quejaban por los perjuicios que recibía el ganado que enviaban a pastar en la cercanía del río Soco por parte de algunos cultivadores que tenían allí sus conucos, lo que habría provocado la muerte de una vaca propiedad del sacristán de la villa, el licenciado Franco Ubíñez, las cuales pastoreaba Pedro Mártir, vecino de dicha villa. Estos se que- jaron de la forma de aperrear las vacas para alejarlas de los citados conucos SRU SDUWH GH DOJXQRV ©YLYLGRUHVª TXH HUD OD IRUPD GH UHIHULUVH D ORV SHTXHxRV arrendatarios de tierras que establecían allí su cultivos. La queja estaba dirigida FRQWUD *HUyQLPR $OH[RV KLMR GH 'RPLQJR 6HYHULQR TXLHQ DFRVWXPEUDED XVDU SDUD HOOR ©YQ FODYR SXHVWR HQ XQD DVWDª FRQ HO TXH KDFtD ©QRWDEOHV GDxRVª R ©PRUGLGDVª TXH GHVSHGD]DEDQ ODV UHVHV SHUR WDPELpQ QRPEUDURQ D RWURV TXH hacían perjuicios similares, como Domingo Acevedo, del hijo de Francisca de Acevedo, del teniente Manuel Jiménes y Lucía de la Concepción, que tenían sus viviendas en la misma zona donde pastaba el ganado. Los medianos y pequeños hateros, en su alegato frente a las autoridades, H[SUHVDQ ©HVWDV SDUWHV VRQ GH FULDU \ QR GH ODEUDUª $O FRQFOXLU SLGHQ ©< DVt se ha de servir vuestra merced de mandar al dicho Severino se a[b]stenga de VHPHMDQWHV SHUMXLVLRV \ GDxRV DWHQGLHQGR TXH OD FULDQVD TXLWD ODEUDQVDª HWF 47 (O FRQÁLFWR HQWUH KDWHURV \ FRQXTXHURV VH LUi H[DFHUEDQGR \D TXH ORV pequeños cultivadores, conuqueros y arrendatarios continuaron creciendo a lo largo del siglo XVIII en casi todas las regiones de la colonia, nutriéndose de

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