Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
514 0RQWHUtDV \ FDPSHVLQRV PRQWHURV Sin dudas la cacería puede considerarse como una actividad económica depredadora de recursos naturales, como lo son la tala de bosques y la mi- QHUtD H[WUDFWLYD FXDQGR UHVSRQGH D OD GHPDQGD GHO PHUFDGR FDSLWDOLVWD \ VH hace sin apenas controles. En realidad, esta era la situación para los grandes propietarios de hatos que comercializaban decenas de miles de cueros. Para estos el enorme número de animales, la escasez y dispersión de la población rural y lo costoso de realizar una crianza sistemática mediante la utilización de esclavos, hizo de la montería una práctica necesaria y oportuna. En efecto, el trabajo de los monteros permitió aprovechar el numeroso ganado alzado u orejano. Tales fueron las cantidades de cueros sacados desde la Española en la segunda mitad del siglo XVI , que llamaron la atención de historiadores PRGHUQRV SRU VX PDJQLWXG $ OD pSRFD HQ TXH HVFULELy &DVWHOODQRV VH UHÀHUH la siguiente cita de Chaunu: Los 49,645 cueros enumerados, en 1584, corresponden como míni- mo, en el supuesto de que no haya ninguna confusión y que nada se QRV HVFDSH D EHVWLDV VDFULÀFDGDV HQ OD LVOD GH 6DQWR 'RPLQJR HQ HV GHFLU H[DFWDPHQWH OD FXDUWD SDUWH GH OD SURGXFFLyQ WRWDO de las Indias de Castilla. Punción enorme, de la que la economía ga- nadera de la gran isla no se recuperará jamás. 6 No obstante, la cabaña resistió: a mediados del siglo XVII , el canónigo Alcocer consigna una producción promedio de 40 mil cueros por año. Esas cifras llaman la atención, además, porque contrastan con la vida aus- tera del campesino montero, el cual por lo común buscaba satisfacer las nece- sidades para la subsistencia suya y de su familia. Las incursiones de cacería a pie en los montes fue el modo tradicional de realizar las tareas de montería, pero también a caballo en pequeñas y medianas sabanas (interrumpidas por numerosos árboles frutales, cuyo crecimiento favorecían los propios anima- OHV DO H[SDQGLU VXV VHPLOODV (VWD LQFXUVLyQ SRGtD GXUDU XQR R YDULRV GtDV en los que debía vivir con los frutos del monte, a la manera de recolectores. Para su operación el montero se hacía acompañar de una traílla de perros amaestrados que ayudaban en la localización y seguimiento del ganado, pero también a las operaciones de cercar y atacar la presa, cuando se trataba de puercos. También iba preparado con lanza, cuchillo medialuna 7 y machete, luego reducido al machete y cuchillo, así como el imprescindible macuto con el casabe, el tasajo y la raspadura; en ella recolectaba también otros frutos en el camino. La medialuna se podía amarrar a la punta de la lanza, hecha con una vara de madera muy dura y resistente, y con ella desjarretar al toro o la
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