Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
511 CAPÍTULO 9 MONTERÍAS Y CAMPESINOS MONTEROS 5D\PXQGR *RQ]iOH] C OMIENZOS HETEROGÉNEOS (QWUH ORV WLSRV GH H[SORWDFLRQHV R KDFLHQGDV HVWDEOHFLGDV HQ 6DQWR Domingo colonial se hallaba la montería de animales alzados o cimarrones, originalmente domésticos, como el ganado vacuno, porcino y equino, los cuales en campos abiertos y despoblados se adaptaron rápidamente a la vida VLOYHVWUH (VWRV DQLPDOHV QR H[LVWtDQ HQ HO SHUtRGR LQGtJHQD SXHV KDEtDQ VLGR introducidos a la isla en los primeros años por los colonizadores desde la pe- nínsula Ibérica y las islas Canarias. A los animales el clima tropical les resultó benigno y su número se incrementó de forma sorprendente; así lo ponderan importantes cronistas de Indias. 1 A primera vista la montería era un espacio adonde crecía y se multipli- caba el ganado, sin intervención humana, en medio de bosques y terrenos PRQWXRVRV DXQTXH PiV ELHQ UHSUHVHQWDED XQ WLSR GH JDQDGHUtD H[WHQVLYD (Q cuanto actividad, en cambio, la montería ofreció varias caras: como negocio y como medio de subsistencia; más breve o episódico fue su papel como medio de esparcimiento de los colonos patricios, siguiendo el ejemplo de la metró- poli en donde nobles y cortesanos la practicaban en cotos de caza. 2 La montería acompañó al hato desde los inicios de la colonización espa- ñola. Hay noticias tempranas de esta en la villa de la Isabela, en las cuentas del almirante don Cristóbal Colón, quien las arrendaba en los albores del siglo XVI , así como en Reales Cédulas dirigidas por don Fernando el Católico al gobernador Nicolás de Ovando. 3
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