Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
504 5HEHOLyQ GH ORV FDSLWDQHV XQ PRYLPLHQWR SRSXODU HQ XQ HVSDFLR ORFDO SUHVLGHQWH JREHUQDGRU 3HGUR =RUULOOD GH 6DQ 0DUWtQ LPSXOVy XQD FODUD RULHQ - tación de permitir el comercio fronterizo, en 1741, tras comprobar la imposi- bilidad de restringirlo. 61 Se amparó en la conveniencia de la solidaridad de ODV GRV PRQDUTXtDV HQ JXHUUD FRQWUD ,QJODWHUUD 6H H[SOLFD SRU HQGH TXH OD UHJXODUL]DFLyQ SOHQD GH ORV LQWHUFDPELRV OHJDOHV VH SURGXMHUD JUDFLDV DO ©3DFWR GH )DPLOLDª GRV GpFDGDV GHVSXpV (Q HO tQWHULQ VH VLJXLHURQ FREUDQGR FRQWUL - EXFLRQHV LOHJDOHV D ORV SURGXFWRUHV FRPR VH QRWLÀFy HQ +LQFKD HQ 62 En medio de esos procesos comenzó a hacer aparición una conciencia regional. Prácticamente toda la población, como muestran los hechos, se compactó por oposición a la subordinación abusiva a que había sido reduci- da por la burocracia de Santo Domingo. Esta toma de identidad partía de la contraposición de intereses respecto al ordenamiento colonial. La emergencia de la identidad regional estaba sustentada en los procesos previos que posi- bilitaron el acercamiento entre sectores sociales. El entramado de la rebelión comportó, de manera relevante, la cooperación de todos los sectores sociales, que incluían libres de color e incluso, subrepticiamente, esclavos. En el partido del norte el acercamiento entre libres, libertos y esclavos se hizo más intenso que en la banda sur. Desde el siglo XVI la plantación y, por tanto, la esclavitud habían tenido menor peso en el norte, ya que esta depen- GtD HQ EXHQD PHGLGD GHO DFFHVR D OD QDYHJDFLyQ RÀFLDO (O FRQWUDEDQGR VH hizo funcional con una base productiva de esclavitud patriarcal. Como se ha argumentado en repetidas veces, este fenómeno era general en toda la colonia durante el siglo XVIII . 63 Pero el grueso de la población en el norte estaba com- puesto de libres más distanciados que en el sur de los antiguos libertos, esta- tus que los preparó para la agricultura comercial que no tardaría en comenzar a emerger como resultado también de la demanda de Saint-Domingue y como FRPSOHPHQWR GH ORV H[FHGHQWHV GHVWLQDGRV D OD DFXPXODFLyQ (VWDV FRQGLFLR - nes facilitaron que comenzara la consolidación de un sector de productores independientes, en lo fundamental vinculados a las sucesivas entradas de contingentes de canarios, sus descendientes y otros inmigrantes. Esa integra- FLyQ VRFLR FXOWXUDO QR IXH DMHQD D OD GHÀQLFLyQ GH XQ IUHQWH FRP~Q GH LQWHUHVHV compartidos entre todos los sectores sociales, como había sido la clave de la concreción de la protesta tornada en rebelión en 1720. Ahora bien, la emergencia activa de la plebe en los acontecimientos fue un episodio inédito y único que contribuyó a precipitar en nuevos planos procesos socio-culturales de largo plazo a escala local y regional. Al mismo tiempo, la Rebelión de los Capitanes en cierto sentido reeditó la contrapo- sición de intereses del conjunto de la población con la metrópoli que había culminado con las Devastaciones de inicios del siglo XVII . En la perspectiva
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