Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
Historia general del pueblo dominicano 499 que nunca hubo presos en la historia de la isla que sufrieran tal espanto. 53 Los cuatro estuvieron durante años aherrojados las veinticuatro horas, a la vista permanente de unos diez custodios. Casi no ingerían alimentos. El calabozo en que se hallaban rezumaba humedad, de lo cual le sobrevenían enferme- GDGHV FDVL FRQWLQXDV 1R SRGtDQ WHQHU FRQWDFWR FRQ SHUVRQDV H[WHUQDV QL VL - TXLHUD FRQ IDPLOLDUHV /D YHQJDQ]D GH &RQVWDQ]R VH H[WHQGLy WUDV VX PXHUWH acaecida en 1724, instrumentada por secuaces que permanecieron en puestos de mando. Se cebó igualmente sobre el delfín de la familia, Fernando, quien tomó asilo en el convento de Nuestra Señora de la Merced, donde permaneció por años. Todavía más, seguro de su posición, Constanzo violó la promesa de in- dulto e intentó abrir procesos contra algunos de los patricios que habían aban- donado a última hora a los capitanes, para lo cual emitió actos, los convocó ante sí de forma humillante y procedió a realizar interrogatorios dirigidos a incriminarlos. Animado por el propósito de hacer patente que casi todos los nobles santiagueros se habían solidarizado con la rebelión, revocó la actitud FRQFLOLDGRUD H[SUHVDGD SRU /ySH] 0RUOD 'H QXHYR H[KLELy SDUWLFXODU LQTXLQD FRQWUD HO VDUJHQWR PD\RU 3LFKDUGR 9LQXHVD 3HUR QR WXYR p[LWR SXHV ORV QREOHV lograron apoyos que pusieron un dique a la furia vengativa del presidente. No obstante la represión, en la ciudad de Santiago cundía un estado de perturbación. Al retornar López Morla a Santo Domingo, dejó en su lugar al capitán Juan Gerardino como teniente de gobernador, quien aplicó una política dura, como parte de un clan que comprendía a Miniel, Juan Ortega )UDQFR \ D RWUDV ÀJXUDV RGLDGDV (VWD FDPDULOOD WUDWy GH UHVWDEOHFHU HO VLVWHPD GH H[DFFLRQHV HQ OD IURQWHUD OR TXH OH YDOLy XQ UHSXGLR FDVL XQLYHUVDO /D SOHEH se había reorganizado con prontitud enarbolando las consignas de libertad de los capitanes y de intervenir en el nombramiento de los cargos civiles y militares. Constanzo no había en verdad logrado aplastar a la plebe y había retroalimentado la animadversión en la generalidad de la nobleza. La agitación se renovó en reiteradas ocasiones. Quedó registrado que, con motivo de la inspección anual de las compañías de 1721, por primera vez los milicianos se insubordinaron en sus respectivas compañías, se negaron a aceptar la jefatura de Gerardino y solicitaron la destitución de los capitanes Ortega y Pichardo. Este estado de confrontación llegó al nivel más crítico en octubre de 1721. La reorganización de la plebe corría por cuenta de algunos de los que habían DFRPSDxDGR D ORV FXDWUR FDSLWDQHV KDVWD IHEUHUR FRPR )HUQDQGR )pOL[ \ ORV canarios Manuel Álvarez y Antonio Lara. Los activistas tomaron la iniciativa de promover cartas de la plebe al Cabildo de Santo Domingo y a la Audiencia.
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