Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 497 VHJXLUOR KDVWD HO ÀQDO 3HUR OD SOHEH QR VH PRYLOL]DED FRQWUD OD QREOH]D VLQR FRQWUD HO ©PDO JRELHUQR GH &RQVWDQ]Rª HV GHFLU OD LQVWDQFLD FHQWUDO GH 6DQWR 'RPLQJR VLWXDFLyQ TXH OD PDQWXYR D OD H[SHFWDWLYD PLHQWUDV /ySH] 0RUOD maniobraba. Como colofón de su estrategia, creadas ya las condiciones a resultas del logro de la adhesión de gran parte de los patricios, el 8 de febrero López Morla convocó a las compañías de milicia de Ortega y Pichardo a que se con- JUHJDUDQ FRQ HO ÀQ YLVLEOH GH GREOHJDU D ODV UHVWDQWHV FRPSDxtDV 8QRV SRFRV centenares de hombres se dieron cita en su apoyo, incluida buena parte de la nobleza, ante lo cual Santiago Morel reaccionó con el llamado a sus milicianos SDUD SDVDU D OD DFFLyQ (VH GtD OD FLXGDG VH HVFLQGLy HQ GRV EDQGRV H[DOWDGRV listos para el combate. De un lado se encontraba el depositario de la autoridad de Santo Domingo con una parte mayoritaria de la nobleza detrás, y del otro el común de la plebe bajo la conducción del linaje Morel de Santa Cruz. Los VDQWLDJXHURV KXPLOGHV VH HQFRQWUDEDQ HQ H[WUHPR H[FLWDGRV PLHQWUDV UHFR - rrían las calles portando armas y llamando a atacar a López Morla. Cuando ambas partes iban a comenzar las hostilidades, el vicario apos- tólico tomó la iniciativa de convocar de urgencia a misa y dispuso la salida de una procesión con el Santísimo, como forma de demandar a las partes GHVLVWLU GH OD FRQÁDJUDFLyQ \ VRPHWHUVH D OD FOHPHQFLD GLYLQD /ySH] 0RUOD KL]R FRORFDU XQD HÀJLH GHO UH\ )HOLSH 9 HQ OD IDFKDGD GHO D\XQWDPLHQWR HQ señal de la legitimidad de su causa. Los capitanes no osaron ignorar el ruego del prelado, con lo cual la plebe se dispersó y la rebelión quedó condenada al fracaso. Los capitanes rebeldes se habían negado al reclamo de la plebe de atacar a López Morla y a quienes se le habían plegado, actitud que abrió las puertas a la solución forzada por el grueso de la nobleza. Consolidada la situación a su favor, López Morla estuvo en condiciones para hacer detener a los cuatro capitanes el 18 de febrero. El único de ellos que se opuso a su arresto fue Santiago Morel, quien se atrincheró en su casa y sostuvo una balacera durante horas. Neutralizada o ya puesta a su favor la mayor parte de la nobleza santiaguera, desmovilizada la plebe y habiendo obtenido días antes la renuncia de Morel y Carvajal, López Morla estaba en condiciones de medir fuerzas con la plebe. Contó con la llegada de un peque- ño destacamento del presidio, comandado por el mismo Isidro Miniel, hasta entonces oculto en las cercanías de la ciudad. Una parte de los milicianos de José Gabriel Ortega se alinearon contra sus congéneres. Previamente, el VDUJHQWR PD\RU KDEtD KHFKR VDEHU HQ IRUPD FRQÀGHQFLDO D /ySH] 0RUOD TXH se ponía a su disposición, lo que no hacía público todavía por temor a los plebeyos movilizados.

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