Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 489 nobleza temerosa, partidaria de una transacción, y una plebe que se orientaba SRU GHVDÀDU D 6DQWR 'RPLQJR HQ WRGD OD OtQHD GLVSXHVWD D FXDOTXLHU FRQWLQ - gencia, incluso a la eventualidad de la guerra civil. La beligerancia de la plebe en todos esos días constituyó el motor del estado virtual de autonomía de la ciudad. Pero los capitanes operaban más bien como factor de prudencia y moderación y en todo momento procuraron mantenerse en sintonía con el cuerpo de la nobleza, al cual pertenecían. Santiago Morel abogaba de manera abierta por proteger el derecho a la vida de los pobres, pero esto carecía de efectos más allá de la liquidación de las contribuciones ilegales. En tal tesitura, quienes habían sido los gestores de la rebelión y habían recibido la delegación del pueblo, no podían traspasar el estadio a que habían llegado y se colocaban a la defensiva, dependientes de la capacidad de ma- niobra de Constanzo. Imputación delictiva 7DQ SURQWR WXYR QRWLFLDV GH OD GHVREHGLHQFLD &RQVWDQ]R DUPy XQ H[SH - GLHQWH SDUD GHVFDOLÀFDU D ORV FDSLWDQHV VREUH WRGR D 6DQWLDJR 0RUHO FRPR delincuentes. Es notorio que, aunque los supuestos hechos traídos a juicio por los pelos se remontaban a 1718, cuando Santiago Morel era alcalde ordinario, se reabrieran indagaciones justo dos años después, en respuesta a las prime- ras noticias de los problemas. No es difícil captar que el presidente antedató OD IHFKD GH ORV DXWRV TXH GLVSXVR FRQ HO ÀQ GH SURPRYHU XQD SHUVHFXFLyQ D Morel de Santa Cruz por cargos criminales. Era la forma más fácil de lidiar FRQ XQ GHVDItR FRPSOHMR SURYHQLHQWH GH ORV H[SRQHQWHV GHO SRGHU VRFLDO \ VX H[WHQVLyQ LQVWLWXFLRQDO HQ XQD UHJLyQ HVWUDWpJLFD De acuerdo con los testimonios ofrecidos por pretendidos conocedores de los hechos, mientras se desempeñaba como alcalde ordinario, Santiago Morel hizo abuso de la autoridad para ordenar el asesinato del vecino Juan del Rosario, a causa de que criticaba el pretendido estado desordenado y ar- bitrario de su gestión. Según estas informaciones, Del Rosario no murió pero recibió múltiples heridas, tras lo cual huyó de la ciudad. En otro hecho atri- buido al entonces alcalde ordinario, se instrumentó una información acerca de que se apoderó por la fuerza de una mujer que había intentado asesinar a su esposo y a la que hizo mudar a una casa de una parienta. De igual manera, VHJ~Q ORV PLVPRV WHVWLJRV DQWH ODV SURWHVWDV TXH H[WHULRUL]DED -XDQ %HOWUiQ nativo de La Habana, por los abusos del alcalde, fue asesinado por un sicario. Se trasmitió la especie, un tanto fantasmal, de que un pardo libre había huido a la región entonces conocida como Los Macurijes, en la estribación de la sierra

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