Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
488 5HEHOLyQ GH ORV FDSLWDQHV XQ PRYLPLHQWR SRSXODU HQ XQ HVSDFLR ORFDO FRQ ORV IUDQFHVHV (Q GHÀQLWLYD HQ OD REWHQFLyQ GH HVWD SHUPLVLyQ UDGLFDED HO PHROOR TXH LPSXOVy HO FRQÁLFWR 3HUR HVWR VH KL]R HQ SHUIHFWR RUGHQ /RV cuatro capitanes rechazaron coaligarse con los franceses, contrariamente, a las acusaciones de que fueron objeto desde aquellos días. Instruyeron a la guardia dejada en Dajabón que velase por la integridad del territorio y por el PDQWHQLPLHQWR GHO RUGHQ HQ HO WUiÀFR IURQWHUL]R En esos días, empero, no todo fue tranquilidad. Llegaron noticias de que Miniel se mantenía en acecho al frente de un reducido contingente de sus hombres, algunos de los cuales fueron apresados u obligados a sumarse a la movilización de la ciudad. Los cuatro capitanes debieron tomar previsio- nes para enfrentar una posible ofensiva de esta cuadrilla como de otras que SXGLHUDQ HVWDUVH RUJDQL]DQGR HQ VX FRQWUD $O PHQRV VH SXVR GH PDQLÀHV - to la defección del capitán Juan Gerardino, quien se puso a disposición de Constanzo y decidió por su cuenta coordinar actividades con Miniel. Tampoco todo transcurría conforme a un consenso perfecto. En la noble- za asomaban temores ante una posible ruptura con Santo Domingo. A escasos días de la manifestación en la plaza, los integrantes del Cabildo se dirigieron D &RQVWDQ]R SDUD H[SOLFDU ORV HYHQWRV DFDHFLGRV HQ ODV VHPDQDV SUHYLDV (VWH VLPSOH KHFKR VLJQLÀFDED OD GLVSRVLFLyQ D QHJRFLDU DO PDUJHQ OD FRPELQDFLyQ de voluntades entre plebe y nobleza, postura no compartida por los cuatro capitanes. 40 Esa carta fue por ello ocultada a la población. Los cuatro capitanes estaban forzados a obrar con cautela para que no se rompiese el frente con los nobles moderados. 41 Más allá, no parece que los capitanes rebeldes al mando realizaran in- novaciones. Estaban en espera de lo que se resolviese en Santo Domingo. &RQÀDEDQ HQ TXH DQWH XQ HYHQWR GH WDO PDJQLWXG OD $XGLHQFLD \ RWUDV LQV - tancias dirigentes doblaran el brazo a Constanzo. Contaban con el malestar indudable de la generalidad de criollos de los estratos superiores en toda la FRORQLD (Q SDUWLFXODU DGHPiV KD\ VHxDOHV GH TXH FLIUDURQ H[SHFWDWLYDV HQ HO FOHUR KDELGD FXHQWD GHO UHSXGLR TXH H[SUHVDURQ ORV UHOLJLRVRV GH 6DQWLDJR D ODV H[DFFLRQHV GHO JREHUQDGRU 3HUR QR VH SUHSDUDURQ SDUD RWUD FRQWLQJHQFLD Sentían no poder ir más lejos, pues habría supuesto la ruptura con el orden metropolitano, algo que estaba lejos de sus pretensiones. Se reconocían súbdi- tos leales y simplemente consideraban que, a cambio, la monarquía les debía un trato digno, correspondiente con los desvelos en su favor que habían ma- nifestado en forma invariable. Esa postura prudente constituyó la tónica de los cuatro capitanes, par- WLFXODUPHQWH GH ORV GRV LQYHVWLGRV FRQ ODV Pi[LPDV SRVLFLRQHV PLOLWDUHV GH la región. Estaban obligados a operar como factor de equilibrio entre una
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3