Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
484 5HEHOLyQ GH ORV FDSLWDQHV XQ PRYLPLHQWR SRSXODU HQ XQ HVSDFLR ORFDO diferencia de lo acontecido diez días antes en la ciudad, ahora no se estaba frente a una multitud abigarrada e improvisada. Los centenares de hombres estaban encuadrados en sus respectivas compañías de milicia. Todos iban a caballo, por lo que pudieron recorrer raudos el trayecto entre Santiago y el puesto fronterizo. 35 (VWRV MLQHWHV H[KLEtDQ VXV DUPDV GH PDQHUD RVWHQWRVD SUHVWRV DO FRPEDWH En su mayoría iban con lanzas y machetes, como era lo característico de las milicias que a lo largo de las décadas anteriores habían mantenido a raya a los EXFDQHURV SHUR RWURV OOHYDEDQ DUPDV GH IXHJR /OHJDGRV ©D WLUR GH HVFRSHWDª del puesto de guardia, se alinearon en sus compañías, que se distribuyeron en dos alas, una al mando de Santiago Morel y la otra de Pedro Carvajal. 9LVLEOHPHQWH SUHWHQGtDQ FRSDU DPERV ÁDQFRV GHO SXHVWR SDUD OOHJDGR HO FDVR DQLTXLODUORV FRQ PD\RU IDFLOLGDG 7UDV DxRV GH H[DFFLRQHV QR GLVLPXODEDQ OD inquina hacia los soldados, por lo que la humillación a que los sometían fue de nuevo motivo de júbilo. Los capitanes enviaron a un parlamentario para demandar conversar con Miniel. Finalmente la entrevista se celebró con todas las precauciones, a medio camino entre las dos formaciones, y llevó a Miniel D OD FRQFOXVLyQ GH TXH SDUD VDOYDU OD YLGD WHQtD TXH DFFHGHU D OD H[LJHQFLD GH abandonar el punto. 36 /RV FXDWUR FDSLWDQHV FDOPDEDQ ORV iQLPRV GH VXV VXERUGLQDGRV OR TXH H[ - plica que no se ejerciera violencia sobre los soldados con tal de que aceptaran marcharse. Mientras se avanzaba hacia el río Dajabón, Santiago Morel había recomendado buscar una avenencia con las autoridades de Santo Domingo, SDUD QR OOHJDU DO H[WUHPR GH OD JXHUUD 'H VHJXUR HO FDSLWiQ TXHUtD FDOLEUDU el estado de ánimo del contingente, que respondió unánimemente a favor de continuar la marcha. Por lo menos los capitanes impusieron el criterio de que se les permitiera a los odiados soldados marcharse, con lo que la rebe- lión se ponía una restricción por adelantado. Los cuatro capitanes buscaban SUHVHQWDU PRGHUDFLyQ FRQ HO ÀQ SODXVLEOH GH JDQDU D VX FDXVD D ORV UHVWDQWHV integrantes de la nobleza. En estos episodios quedó en claro que la jefatura de Santiago Morel y sus compañeros se sustentaba en la masa de la plebe, al tiempo que esta obraba hasta el momento solo en cuanto contaba con el liderazgo de esos nobles. La radicalización de los cuatro capitanes no podía traspasar cierto umbral, en la medida en que no estaban dispuestos a desligar- se del conjunto de su sector social y tenían en vistas alcanzar que la mayoría de oidores los apoyase. Con todo, los insurrectos dieron muestras de voluntad de ejercer el man- do cuando adoptaron la decisión de que el puesto del camino real fronterizo quedara custodiado por una tropa de milicianos al mando de un alférez. Los
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