Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 483 encontró en virtual replanteamiento de los lazos de autoridad. Santiago Morel y sus familiares militares, hasta entonces protagonistas de los hechos, se mantenían estrechamente relacionados con los jefes municipales (alcalde mayor, alcaldes ordinarios y regidores), que, a la zaga de la movilización popular, compartían el rechazo de las disposiciones de Constanzo, como de- mostrarían días después. Pero ninguno de esos nobles estaba dispuesto a una UXSWXUD GHÀQLWLYD FRQ ORV UHSUHVHQWDQWHV GHO SRGHU LPSHULDO GH (VSDxD /D LGHQWLGDG GH WRGRV VLQ H[FHSFLyQ HVWDED SDXWDGD SRU VX FRQGLFLyQ GH V~E - ditos del rey de España. Más bien, los descontentos de la nobleza, incluidos los cuatro capitanes, ponderaban que resultaría factible obtener de la Corona una satisfacción que acompañara la suspensión de los abusos. Seguramente, DO GDU HVH SDVR FLIUDEDQ H[SHFWDWLYDV HQ HO FRQÁLFWR TXH VRVWHQtDQ ORV RLGRUHV de la Audiencia frente a su presidente. Podían esperar que una embestida de ese calibre, dictada por la desesperación, sería atendida en España y en Santo Domingo mismo. /D RSFLyQ LQWUDQVLJHQWH SHUVRQLÀFDGD HQ 6DQWLDJR 0RUHO GH 6DQWD &UX] VH IRUWDOHFLy GHVSXpV GH OD H[SXOVLyQ GH ORV YHLQWH LQIDQWHV (VWR VH SXVR GH PDQLÀHVWR FRQ OD GHFLVLyQ GH GHVEDQGDU WDPELpQ HO SXHVWR GH JXDUGLD HVWDFLR - nado en la ribera del río Dajabón, bajo el mando del capitán Miniel, donde se UHDOL]DEDQ ORV GHVSRMRV D ORV H[SRUWDGRUHV GH JDQDGR H LPSRUWDGRUHV GH PHU - cancías manufacturadas. Durante unos seis días nobleza y plebe debatieron qué debía de hacerse. Que se sepa, nadie osó oponerse de manera declarada a la marcha hacia la frontera para desalojar el puesto de la Tropa del Norte, DXQTXH GH QXHYR ORV QREOHV SUHÀULHURQ QR WRPDU SDUWH HQ HVWD H[SHGLFLyQ Solo tomaron parte en la marcha los cuatro capitanes. Al menos, los otros dos capitanes de compañías, José Gabriel Ortega y Francisco Remigio Pichardo, eludieron sumarse a la marcha hacia Dajabón, aunque sin oponerse de pa- labra a sus motivos. En los días siguientes, sin embargo, presionados por los cuatro capitanes y los milicianos plebeyos de sus compañías, Ortega y Pichardo, al igual que casi todos los nobles, apoyarían las manifestaciones de agravio contra Miniel. En la ocasión se dispuso que las compañías de milicia operaran como el recurso clave de movilización de la población, gracias a que jefes nobles y subordinados plebeyos compartían criterios y a que toda la población mascu- lina adulta estaba supuesta a pertenecer a una compañía. Hacia las diez de la mañana del 23 de diciembre, los treinta y dos solda- dos que se hallaban en ese momento en el puesto de Dajabón contemplaron DWyQLWRV FyPR VH DSUR[LPDEDQ PiV GH WUHVFLHQWRV YHFLQRV GH 6DQWLDJR HQ DFWLWXG KRVWLO *ULWDEDQ GH QXHYR ©9LYD HO UH\ \ PXHUD HO PDO JRELHUQRª $

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