Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
482 5HEHOLyQ GH ORV FDSLWDQHV XQ PRYLPLHQWR SRSXODU HQ XQ HVSDFLR ORFDO 8QD UHDFFLyQ WDQ DLUDGD VH H[SOLFD SRU HO KHFKR GH TXH OD SREODFLyQ HVWDED HQ HVSHUD GH HVD WURSD SRU OR TXH IXH H[SHGLWD OD FRQYRFDWRULD SDUD H[SXOVDU - la. Se temía que los recién llegados reiteraran las actitudes de otros que habían pernoctado en la ciudad no mucho tiempo atrás y que se habían alimentado en buena parte a costa de la población. El sostenimiento de esos soldados había dejado, por otra parte, una deuda con los nobles que no había sido saldada, algo que se seguía resintiendo. Peor aún, se anidaba el temor de que los recién llegados se dedicaran a allanar las casas en búsqueda de artículos provenientes de Saint-Domingue para pillarlos, hacer arrestos y obstaculizar todavía más el desenvolvimiento del comercio fronterizo. Desde que llegaron los intrusos, los tres hermanos Morel de Santa Cruz RÀFLDOHV GH PLOLFLD GLIXQGLHURQ OD QRWLFLD HQWUH OD SOHEH D OD TXH OODPDURQ D sacar la tropa profesional de la ciudad o a destrozarla si era preciso. Aunque convocados de esa manera, como quedó establecido, los plebeyos actuaron movidos por la indignación contra los militares profesionales. Quienes se dieron cita no ocultaban su identidad, pero no fueron recono- cidos por ninguno de los soldados a causa de la oscuridad. El alférez Agesta se había ausentado del cuartel para cenar donde una familiar de su esposa, por lo que sus subordinados se sintieron confundidos y accedieron sin mayor UHVLVWHQFLD D OD H[LJHQFLD SHUHQWRULD GH DEDQGRQDU OD FLXGDG )XHURQ DFRVDGRV por el gentío, que se fue engrosando en el camino, hasta la Cruz de Tavera, en las afueras de la ciudad, donde se localizaba un hato. Durante el trayecto los VDQWLDJXHURV JULWDEDQ ©9LYD )HOLSH 9 \ PXHUD HO PDO JRELHUQRª 34 Un ambien- WH GH DOJDUDEtD VH H[WHQGLy WUDV HVWD UHSXOVD D OD LJQRPLQLD GH ORV DxRV SUHYLRV Aunque con posterioridad, sometidos a persecuciones judiciales, todos los que declararon acerca de lo ocurrido procuraron desdibujar lo que había acontecido desde los primeros días de diciembre, puede aseverarse que la PRYLOL]DFLyQ FRQWUD OD HVFXDGUD GH $JHVWD IXH UHDOL]DGD FRQ H[FOXVLYLGDG SRU SOHEH\RV SREUHV KHFKD H[FHSFLyQ GH ORV FXDWUR FDSLWDQHV \ D OR VXPR DOJ~Q noble aislado más. Todavía los principales no asumían un enfrentamiento abierto, de lo que da cuenta la prudencia del alcalde mayor. Varios nobles incluso comentaron a Juan Morel que consideraban el tumulto como un dis- parate improcedente. ([SHGLFLyQ KDFLD HO UtR 'DMDEyQ La reacción de Constanzo tardó días en llegar, y en el ínterin los san- tiagueros dieron nuevos pasos en la disposición insurreccional. Desde el PRPHQWR HQ TXH OD SOHEH H[SXOVy D ORV VROGDGRV GHO SUHVLGLR OD FLXGDG VH
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