Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
466 5HEHOLyQ GH ORV FDSLWDQHV XQ PRYLPLHQWR SRSXODU HQ XQ HVSDFLR ORFDO IUDQFHVHV \ DO ~OWLPR LQWHQWR GH (VSDxD SDUD H[WLUSDU ORV HVWDEOHFLPLHQWRV GH ORV HQHPLJRV 1R REVWDQWH HO HIHFWR FDWDVWUyÀFR GH HVH SURORQJDGR HVWDGR GH JXHUUD \ VLQ HVSHUDU DXWRUL]DFLyQ DOJXQD DO ÀUPDUVH OD SD] ORV YHFLQRV de Santiago reanudaron LSVR IDFWR el comercio con los problemáticos vecinos. Desde 1701, con la llegada de un Borbón al trono de España, Felipe V, nieto del rey francés Louis XIV, se consolidó el modus vivendi entre las dos colonias, si bien tiempo después se abrió un estado de tensión y hasta una guerra entre Francia y España. Pero estas coyunturas tuvieron la nota característica de no alterar el estado de paz insular, determinado por los intereses comunes de los SODQWDGRUHV IUDQFHVHV \ ORV KDWHURV ©HVSDxROHVª HQ VX JUDQ PD\RUtD FULROORV que, de seguro, comenzaban a reconocerse como dominicanos. Por cuanto ambas porciones de la isla se necesitaban entre sí, las autori- dades metropolitanas y las de Santo Domingo no tuvieron más remedio que mostrar tolerancia ante esta violación de las regulaciones mercantilistas, pues eran conscientes de que no había otra salida para la supervivencia de la colonia. En la medida en que los franceses ampliaban las plantaciones agrícolas, VH UHGXFtDQ ODV VXSHUÀFLHV TXH GHVWLQDEDQ D OD FUtD GH JDQDGR DXQTXH GXUDQWH un período trataron de apropiarse de nuevos territorios españoles mediante el fomento de hatos. Esta maniobra no pudo progresar a causa de la resisten- cia de los núcleos cercanos de dominicanos, que procedieron a eliminar toda crianza en las zonas en disputa. 11 7HUPLQy GH UDWLÀFDUVH GH HVD PDQHUD TXH HO PHGLR LGyQHR SDUD ORV SODQ - tadores franceses de abastecerse de animales de tracción, montura y de carne UDGLFDED HQ FRPHUFLDU FRQ ORV ©HVSDxROHVª GH DOOHQGH OD IURQWHUD (VWRV SRU VX ODGR WHQtDQ HQ OD SDUWH IUDQFHVD HO GHVWLQR ~QLFR GH VXV H[FHGHQWHV \ OD IXHQWH de provisión de manufacturas de consumo, sobre todo tejidos, herramientas \ HVFODYRV 'H WDO PDQHUD VH FRQÀJXUy XQD LQWHUGHSHQGHQFLD HQWUH ODV GRV FRORQLDV TXH LPSOLFDED TXH OD IUDQFHVD H[SORWDED D OD HVSDxROD VREUH OD EDVH de las ventajas que derivaba de vender bienes manufacturados y esclavos a FDPELR GH JDQDGR HQ SLH \ RFDVLRQDOHV H[FHGHQWHV GH WDEDFR \ RWURV SURGXF - tos agrícolas. Así, a inicios del siglo XVIII no había objeciones efectivas a que se perpetua- se el comercio fronterizo. De manera progresiva, la economía en su conjunto de la colonia española dependía de tal relación por medio de una redistribu- ción de rentas. Los hacendados de la ciudad de Santo Domingo, vinculados DO DSDUDWR DGPLQLVWUDWLYR QR HUDQ H[FHSFLyQ D OD UHJOD GH OD FRPSOLFLGDG generalizada con el comercio ilícito . Las autoridades superiores se hacían de la vista gorda y procuraban lucrarse por diversos medios. La corrupción que se derivaba de tal tolerancia era asumida como inevitable por todos y hacía
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