Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

380 (O KDWR JDQDGHUR \ OD JDQDGHUtD HQ 6DQWR 'RPLQJR GXUDQWH HO VLJOR XVIII FODUDPHQWH LQFRPSDWLEOH FRQ OD QHFHVLGDG GH JUDQGHV H[WHQVLRQHV GH WLHUUD para la siembra de los cultivos tropicales. El mantenimiento de un alto ritmo de producción agrícola solo era posi- ble contando con una considerable cantidad de mano de obra. Los esclavos negros no dejaron de arribar a la colonia gala en proporción cada vez mayor, GDQGR OXJDU D XQ LPSUHVLRQDQWH DXPHQWR GHPRJUiÀFR HQ XQ FRUWR HVSDFLR de tiempo. Para alimentar a tanta población era imprescindible la carne, y los SRFRV \ SHTXHxRV KDWRV YDFXQRV IUDQFHVHV SURQWR VH UHYHODURQ LQVXÀFLHQWHV para el abasto. Fue necesario, pues, recurrir a los españoles, tal como el gober- QDGRU GH &DS )UDQoDLV 0U &KDULWWH UHFRQRFtD ©HOORV VDEHQ >ORV HVSDxROHV@ que en relación a nuestras plantaciones de azúcar, no podemos prescindir de VX JDQDGR \D TXH QXHVWURV KDWRV QR HVWiQ OR VXÀFLHQWHPHQWH SREODGRV SDUD VDFDUOHV OR TXH WHQHPRV QHFHVLGDGª 168 *pQHVLV GHO FRPHUFLR /DV QRWLFLDV VREUH HO WUiÀFR JDQDGHUR HQWUH DPEDV SDUWHV GH OD LVOD VXU - gen desde mucho antes de que en 1697 el Tratado de Ryswick estableciese RÀFLRVDPHQWH OD GLYLVLyQ GH OD PLVPD HQWUH HVSDxROHV \ IUDQFHVHV (Q nos consta que había ya peticiones de animales 169 y en 1685, según Moreau de Saint-Méry, muchos españoles marchaban a Saint-Domingue a comerciar sus bestias. 170 Con el tiempo el comercio fue aumentando y no solo se ven- dían reses para el consumo humano, sino que también se facilitaban bueyes, asnos y mulas para labores de tracción o caballos para el uso y disfrute de los hacendados. 171 A principios del siglo XVIII las poblaciones del interior (Santiago, La Vega, Azua, Hincha) tenían ya establecida una activa comunicación con la colonia francesa. A cambio de aguardiente, tejidos y ropas, y otras manufacturas se le surtía de ganado vacuno, caballar o mular, 172 en un negocio que ascendía a 50,000 escudos al año según un funcionario francés. 173 Es cierto que este co- mercio se realizaba contraviniendo las disposiciones vigentes que prohibían mantener trato con naciones ajenas a la metrópoli, pero este fue un detalle que no pareció importar demasiado a los españoles de la isla. (O DVFHQVR DO WURQR GH (VSDxD GHO %RUEyQ )HOLSH 9 PRGLÀFy XQ WDQWR esta política. En términos generales se autorizó el suministro de anima- OHV D ORV IUDQFHVHV GXUDQWH ORV SHUtRGRV GH FRQÁLFWRV EpOLFRV GH (VSDxD \ Francia contra Inglaterra, negándose en épocas de paz. A modo de ejemplo, digamos que en 1702, ante el bloqueo efectuado por una escuadra inglesa, se enviaron 300 reses a la isla Vaca a petición del gobernador Duchasse, 174

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3