Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
Historia general del pueblo dominicano 377 no haya crítica alguna acerca del limitado celo de los munícipes en el ejercicio GH VXV IXQFLRQHV FRPR SRVLEOH FDXVD GH OD VXSXHVWD LQVXÀFLHQFLD GH DEDVWRV Algunas de las razones de esta actitud ya se han apuntado anteriormente. La obligatoriedad del envío de las pesas a Santo Domingo implicaba la sub- ordinación de todas las villas a la capital, un más estrecho control sobre los productores y la producción ganadera y el dominio del comercio de cueros. Asimismo, había establecida una sisa de medio real por cabeza de ga- nado porcino y dos cuartos sobre el arrelde de carne vacuna. La recaudación pasaba a engrosar los fondos de los propios de la ciudad 149 y permitía soco- UUHU D ODV IDPLOLDV FDQDULDV HPLJUDQWHV VXIUDJDU ÀHVWDV VROHPQLGDGHV \ HQ especial, obras públicas, al igual que sucedía en Cuba 150 y en otros lugares del continente como Guadalajara. 151 En 1721, por ejemplo, con el impuesto de la carne vacuna se pagaba la celebración del Corpus y su octava (200-220 pesos), un médico de la ciudad (100 pesos) y el sueldo del encargado de la noria que suministraba agua a las reses y recuas (80 pesos). 152 El quid de la cuestión radicaba en el comercio que mantenían las ciudades del interior con la colonia francesa. Ni aquellas estaban dispuestas a renunciar D WDQ EHQHÀFLRVRV LQWHUFDPELRV QL HO JUXSR GRPLQDQWH GH 6DQWR 'RPLQJR VH mostraba proclive a consentirlo so pena de perder el protagonismo económi- co insular. Por ello, continuamente se presionaba al gobernador solicitándole la reiteración de las órdenes referentes a la obligatoriedad de contribuir con las pesas correspondientes, las investigaciones sobre el número real de hatos \ JDQDGR GH WRGDV ODV SREODFLRQHV HO UHFKD]R GH ODV H[FXVDV GH ORV JDQDGHURV o la imposición de multas a los incumplidores, que en 1750 alcanzó la suma de 400 reales a los alcaldes de Azua. 153 A veces incluso se aprovechaba la momentánea llegada de emigrantes o GH FDUJDPHQWRV GH HVFODYRV SDUD LQFUHPHQWDU ODV TXHMDV SRU OD LQVXÀFLHQFLD GH DEDVWRV (UD XQD SURWHVWD LQMXVWLÀFDGD SXHV ODV IDPLOLDV FDQDULDV QR SHUPD - necían para siempre en Santo Domingo y los negros se vendían con rapidez pasando a depender su sustento de los dueños respectivos en otros lugares fuera de la capital. Además, y en casos como estos de incremento de la pobla- FLyQ R ELHQ VH VROtD DXPHQWDU GH D HO Q~PHUR GH UHVHV D VDFULÀFDU FRPR hicieron los gobernadores Rocha 154 y Azlor, 155 o bien se solicitaban nuevas pesas a determinadas ciudades. 156 En esta situación a los criadores del interior les quedaban muy pocas salidas: mentir a la hora de manifestar el número de cabezas o hatos que po- seían, buscar cualquier subterfugio (sequías, tormentas o plagas) para eludir la pesa y remitir menos ganado del asignado. Si por cualquier causa, la lle- JDGD GH XQD ÁRWD SRU HMHPSOR HUDQ REOLJDGRV D VXPLQLVWUDU JDQDGR H[WUD
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