Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

376 (O KDWR JDQDGHUR \ OD JDQDGHUtD HQ 6DQWR 'RPLQJR GXUDQWH HO VLJOR XVIII FHFLQD GH ORV OXJDUHV GH WLHUUD DGHQWUR \ GH %DQt (O 6HLER \ KDWRV SUy[LPRV D Santo Domingo. 141 $GHPiV \ SRU VL HVWDV FDQWLGDGHV GH FDUQH SXGLHUDQ SDUHFHU H[LJXDV cada año también se enviaban a la capital más de 5,000 cerdos a pie y otro DOWR SRUFHQWDMH GHVFXDUWL]DGR TXH FRPSOHWDEDQ FRQ FUHFHV OD GHÀFLHQFLD GHO ganado vacuno. En el período 1726-1730 se introdujeron en Santo Domingo 28,744 puercos, es decir una media anual de 5,748, 142 mientras que en 1773 entraron 5,211 animales y 5,474 al año siguiente. 143 Y no se incluye otra serie de animales del tipo de gallinas, pavos, cabras, ovejas, gansos, así como el género obtenido mediante la pesca y la caza, que en conjunto completarían la dieta alimenticia de la población dominicana de aquella época. 144 Mencionemos, además, que muchos vecinos poseían dentro de las mu- rallas de la ciudad un número considerable de ganado vacuno, porcino y bo- vino para la venta directa, y ello pese a que legalmente en esos terrenos solo SRGtDQ FULDUVH GRFH YDFDV ©SDUD VXPLQLVWUDU OHFKH SDUD ORV HQIHUPRV \ VXMHWDU D ORV EXH\HVª 145 No puede hablarse, por tanto, de escasez cárnica en general y sí de predominio en las carnicerías de un tipo de carne sobre el otro, y ello tan solo en determinados momentos puntuales, según la época y la estación climática. 146 (O VDFULÀFLR GH XQD PHGLD DQXDO GH FLQFR PLO UHVHV PiV OD FDUQH VDODGD \ ODV SLDUDV GH FHUGRV JDUDQWL]DEDQ HQ FRQMXQWR XQDV H[LVWHQFLDV GH FDUQH VXÀFLHQWHV SDUD ORV QXHYH PLO KDELWDQWHV GH OD FDSLWDO SHVH D RSLQLyQ HQ contrario. 147 8Q H[WHQVR 7HVWLPRQLR GH $XWRV IRUPDOL]DGR D FDXVD GH ORV IUDXGHV HQ las carnicerías de la ciudad nos va desgranando una por una todas las causas que previsiblemente provocaban la falta de carne vacuna. Entre otras se se- xDODQ ODV EDODQ]DV PDO DÀHODGDV ODV OLPLWDFLRQHV FDSULFKRVDV GH ODV UDFLRQHV H[SHQGLGDV OD H[SRUWDFLyQ \ HPEDUTXH LQGLVFULPLQDGRV GH WDVDMRV TXH GHMD - ban a los vecinos sin provisiones y la despreocupación de los capitulares en la vigilancia sobre el reparto de carne, las tiendas, los pesos y medidas y la calidad de los productos. Especial hincapié se hace en la presencia de negros esclavos que ejercían de manipuladores de la carne y en toda la serie de irre- gularidades que su actuación conllevaba. Mediante el engaño en el pesaje, en connivencia con el romanero, y la reserva de los mejores magros para los YHFLQRV PiV LPSRUWDQWHV D FDPELR GH OD FRUUHVSRQGLHQWH JUDWLÀFDFLyQ ORV africanos conseguían reunir un capital que les permitiría comprar la libertad en el momento oportuno. 148 Al Cabildo de Santo Domingo le interesaba, en cierto modo, crear un estado de opinión inclinado a la protesta por la falta de carne para que no se interrumpiera la remisión de reses desde las otras ciudades. Sorprende que

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