Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 375 vecinos. El tema es delicado, pues la reiteración de las protestas podría hacer- nos adoptar una postura similar a la de los capitulares. 132 Porque un análisis PLQXFLRVR GHO WHPD QRV UHYHOD XQD UHDOLGDG PX\ GLVWLQWD SXHV D H[FHSFLyQ de períodos de elevada mortandad del ganado por terremotos o epidemias generalizadas, en la capital siempre entraron los animales necesarios para que la carne alcanzase a todos si se hubiera procedido a un reparto equitativo de esta. Aquí radicaba el hecho diferencial: en la desigualdad de la distribución. En una información donde se relatan tormentas, sequías y huracanes acaeci- GRV HQWUH \ VH DxDGH TXH ©QXQFD KDQ IDOWDGR SHVDV D OD FLXGDG VROR HQWUH ODV GRV SDVFXDV \ HVWR SRU WHQHU TXH DVLVWLU WRGRV D OD PXHVWUD JHQHUDOª 133 8QRV FiOFXORV QRV SHUPLWHQ DFODUDU HO WHPD 6ROR KDEtD WUHV SHUtRGRV ÀMRV de escasez de ganado procedente del interior, que no de los alrededores de OD FLXGDG GH 6DQWR 'RPLQJR (O SULPHUR HQWUH ©3DVFXD GH 5HVXUUHFFLyQ \ (VStULWX 6DQWRª pSRFD GH VHTXtD TXH GLÀFXOWDED HO WUDVODGR GH ODV UHVHV GHVGH zonas lejanas; el segundo en Semana Santa; y el tercero en las revistas gene- UDOHV GH ODV PLOLFLDV SRU 1DYLGDG ©HQ TXH SRU QHFHVLGDG VH RFXSDQ WRGRV ORV QDWXUDOHV GH OD LVODª 3HUR VHJ~Q GHQXQFLD HO ÀVFDO GH OD $XGLHQFLD HO &DELOGR GH 6DQWR 'RPLQJR DSURYHFKDED HVWRV PRPHQWRV GH LQVXÀFLHQFLD GH UHVHV SDUD LQWHUHVDGDPHQWH KDFHUORV H[WHQVLYRV D WRGR HO DxR 134 Desde 1723 las pesas estaban constituidas por 80 reses semanales, 135 es decir que al año se disponía de unos 4,000 animales. Aunque en diversos mo- mentos este número fue incrementado, la proporción debió mantenerse por lo menos hasta 1780, pues Sánchez Valverde así lo dice, y en todo caso nunca se sobrepasó la cifra de 100 bestias por semana. 136 No contamos con la relación anual pormenorizada de las entradas de ganado en la capital, pero por datos aislados sabemos que en 1744 llegaron 5,639 bestias, 4,805 en 1773, 4,686 en 1774 y 5,476 en 1782. 137 Vemos, por tanto, cómo se mantuvo sin merma alguna el abastecimiento de carne dentro de los límites habituales establecidos, aun- que Rosario Sevilla no es de la misma opinión. 138 Añadamos además que con ODV SHVDV RÀFLDOHV ORV JDQDGHURV WUDtDQ WDPELpQ XQ Q~PHUR GH QRYLOORV IXHUD GH FXSR TXH VROLFLWDEDQ ©OOHYDU D ODV FDVDV GH ODV UDVWUHUDVª 'H HOOR GHGXFLPRV TXH KDEUtD FDUQLFHUtDV SULYDGDV GRQGH VH H[SHQGHUtD FDUQH 139 Incluso si aceptamos que a partir de un año determinado se estableciesen 5,000 reses para el abasto de la capital, no habría contradicción porque en 1773 y 1774 no se alcanzase lo estipulado. Las cantidades señaladas hacen UHIHUHQFLD D DQLPDOHV YLYRV H[FOXVLYDPHQWH \ QDGD GLFHQ GH ODV LPSRUWDQWHV cantidades de carne salada que a diario se recibía en la ciudad y que era la de mayor consumo entre las clases humildes. 140 Así, en una información al respecto se nos dice que realmente había escasez cárnica cuando no llegaba la

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3