Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
370 (O KDWR JDQDGHUR \ OD JDQDGHUtD HQ 6DQWR 'RPLQJR GXUDQWH HO VLJOR XVIII idóneo para la cría, El Seibo poseía el 61.07 % de las bestias de la zona oriental (donde se incluyen a Monte Plata, Bayaguana, Higüey). (Q GHÀQLWLYD ORV GDWRV SHUPLWHQ FROHJLU OD GHGLFDFLyQ D OD JDQDGHUtD GH todo el territorio dominicano, pero con el establecimiento de dos áreas clara- mente diferenciadas. Una, la occidental, volcada hacia la cría de animales, y RWUD OD RULHQWDO GRQGH OD DFWLYLGDG SHFXDULD QR DOFDQ]DED HO SHVR HVSHFtÀFR que en aquella por la limitación de alicientes económicos, especialmente el pingüe negocio de venta de reses a la zona francesa. Durante la segunda mitad del siglo XVIII puede detectarse en algunas ciudades un estancamiento o descenso en el número de animales. La relación comprendida en el estadillo de 1772 es la siguiente: Santiago, 15,000 reses; La Vega, 12,000; Hincha, 30,000; El Seibo, 28,000; San Juan, 25,000; Puerto Plata, 25,000; Los Llanos, 23,000; Baní, 20,000; Cotuí, 18,000; Bayaguana, 16,000; Azua, 14,000; Haina, 11,000; Neiba, 9,000; Los Ingenios, 8,000; Higüey, 6,000; Monte Cristi, 3,000; Monte Plata, 3,000; San Rafael, 2,000; San Carlos, 1,000; Sabana de la Mar, 1,000; Boyá, 500; San Lorenzo de Los Mina, 500. 115 Uno GH ORV PRWLYRV GH HVWH GHVFHQVR HVWXYR HQ OD SRVLELOLGDG GH H[SRUWDFLyQ GH productos agrícolas a la Península, en especial tabaco, hecho que motivó a muchos ganaderos para acometer una transformación de parte de sus propie- dades en terrenos de labor. Así lo corrobora el francés Lescallier, que indica que en 1764 se había producido un descenso de la cría ganadera en Santiago GHELGR D TXH VXV KDELWDQWHV VH GHGLFDEDQ FDVL HQ H[FOXVLYD DO FXOWLYR GH OD planta del tabaco en los hatos. 116 Otras poblaciones lograron mantener el incremento del número de reses al cimentar sus posibilidades de riqueza en el comercio de ganado con los franceses. Tanto las villas antiguas (Hincha o Cotuí) como las de pasado más reciente o nuevamente fundadas (Puerto Plata o San Juan), animadas por las tentadoras ofertas de Saint-Domingue y aprovechando los períodos de tole- rancia de los gobernadores hispanos, no dudaron en participar en un negocio que les era netamente rentable. Curiosamente no hemos encontrado en la documentación referencia alguna a asociaciones de ganaderos semejante o parecida a la Mesta penin- VXODU DO PHQRV GXUDQWH OD SULPHUD PLWDG GH VLJOR 5HVXOWD H[WUDxR TXH ORV propietarios no pergeñaran algún tipo de asociación para la defensa de sus LQWHUHVHV 4XL]i GH PDQHUD HQFXELHUWD \ GH FDUD D OD H[SRUWDFLyQ GH DQLPDOHV a la colonia francesa funcionase cierta unión donde se establecerían las rutas a seguir, las cabezas a trasladar y el precio de venta, pues no era lo mismo WUDÀFDU UHVHV GHVGH +LQFKD FHUFDQD D OD IURQWHUD TXH GHVGH &RWXt \ /D 9HJD PiV UHWLUDGDV \ FRQ PD\RUHV GLÀFXOWDGHV
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