Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

366 (O KDWR JDQDGHUR \ OD JDQDGHUtD HQ 6DQWR 'RPLQJR GXUDQWH HO VLJOR XVIII WUDVODGDGDV D 6DLQW 'RPLQJXH LOHJDOPHQWH \ FRQ XQ PD\RU EHQHÀFLR FRPR porque las falsedades en las declaraciones también podrían hacerse para evi- tar la imposición de arbitrios más elevados. 92 Y en todo este cómputo no se tienen en cuenta los animales montaraces, ni los que se encontraban en los numerosos ranchos aislados y perdidos en los montes, ni la vaca cuyo único objetivo sería surtir de leche a una familia pobre o la yunta para el arado. Cualquier cifra que aventuremos, pues, respecto de la cabaña vacuna dominicana es totalmente aleatoria. En un estadillo de 1772 se enumeran 271,000 reses que frente a las 112,098 anteriores suponen un notable incre- mento, pero debemos tener en cuenta que han transcurrido treinta años, se han fundado nuevas ciudades, algunos lugares han adquirido entidad propia (Los Ingenios y Haina, por ejemplo) y han llegado emigrantes que domestican reses cimarronas. 93 Sin embargo, en un informe de la Audiencia, fechado en la década de los setenta, se nos ofrece la cantidad de 228,500 cabezas, si bien VH DxDGH TXH FRUUHVSRQGH D ©KDWRV GHFODUDGRV \ DSDUWH PRQWDUDFHV ODV GH ODERU \ ODV FRUUDOHUDVª 94 Quizás por ello se ha calculado de 200,000 a 300,000 ODV UHVHV H[LVWHQWHV HQ OD SDUWH HVSDxROD GH OD LVOD HQ ODV GRV ~OWLPDV GpFDGDV del siglo XVIII . 95 Podemos constatar que la posible suma total de animales varía sustan- cialmente según el año, la procedencia del escritor, el redactor, etc. Con estos antecedentes, hablar de decadencia, estacionamiento o auge de la ganadería vacuna es delicado y de hecho diversos autores muestran opiniones contra- ULDV 3DUD 5REHUWR &DVVi HV HYLGHQWH OD H[SDQVLyQ DO PHQRV KDVWD ORV DxRV anteriores a la revolución haitiana, y toma como referencias diversos datos aportados por Moreau de Saint-Méry que así lo atestiguan. 96 En esto coincide con Moya Pons, para quien la decadencia ganadera sobreviene a consecuencia GH ORV FRQYXOVRV VXFHVRV GH ÀQDOHV GH VLJOR 97 Rosario Sevilla, sin embargo, ha- bla de un proceso continuado de decadencia asumiendo las manifestaciones del Cabildo de la ciudad de Santo Domingo y del oidor Pedro Catani, que son declaraciones muy interesadas. 98 El francés Vincent, por su parte, achacaba el GHFOLYH JDQDGHUR D OD H[FHVLYD SDUFHODFLyQ GH ODV WLHUUDV GRPLQLFDQDV FLUFXQV - tancia que limitaba el espacio a la natural libertad del animal. 99 Creemos que la ganadería de Santo Domingo fue la verdadera riqueza de la isla y que en la segunda mitad del siglo XVIII OD H[SDQVLyQ JDQDGHUD DOFDQ]y VX Pi[LPD SUR\HFFLyQ 'LYHUVDV UD]RQHV DSR\DQ HVWD DÀUPDFLyQ (Q primer lugar se supo mantener un número medio de cabezas superior a las 200,000, en un territorio limitado por la insularidad y donde la única posi- bilidad de comerciar ganado a pie consistía en llevarlo a Saint-Domingue. Con poco más de 50,000 km 2 de territorio disponer de una cabaña de casi un

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