Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

360 (O KDWR JDQDGHUR \ OD JDQDGHUtD HQ 6DQWR 'RPLQJR GXUDQWH HO VLJOR XVIII una despreocupación de los capitulares, que nunca carecieron de lo necesa- rio, por regular el abastecimiento y la distribución de los alimentos entre la SREODFLyQ &RPR VHxDODED HO ÀVFDO GH OD $XGLHQFLD VROR ORV SREUHV TXHGDURQ VLQ FDUQH \ SHVH D OD HVFDVH] QDGD KLFLHURQ ORV PXQtFLSHV SRU LPSHGLU OD H[ - portación de tasajos. 67 ,GpQWLFR DUJXPHQWR DO GHO &DELOGR HPSOHDQ ORV H[ JREHUQDGRUHV )UDQFLVFR de la Rocha (1724-1731) y Alfonso de Castro (1731-1741) cuando son consul- WDGRV SRU HO &RQVHMR GH ,QGLDV DFHUFD GHO SODQ GH 3HGUR =RUULOOD QXHYR Pi[LPR GLULJHQWH GH 6DQWR 'RPLQJR GH VXPLQLVWUDU JDQDGR D ORV IUDQ - ceses. Las alusiones a la aridez del clima y al aumento de población, las dudas VREUH OD DEXQGDQFLD GH JDQDGR VRQ SXHULOHV MXVWLÀFDFLRQHV \ XQDV VHVJDGDV opiniones acerca de la realidad insular. Late en ellas el deseo de oponerse a ORV SUR\HFWRV GH XQ KRPEUH TXH VXSR SHUFDWDUVH GH ODV LQÀQLWDV SRVLELOLGDGHV del comercio ganadero con Saint-Domingue. 68 Un obstáculo grave para el desarrollo de la ganadería fue siempre la gran cantidad de perros jíbaros criados en los montes que atacaban y devoraban a los terneros principalmente. López de Velasco ya hacía referencia a ello en el siglo XVI y calculaba en muchos cientos de miles el número de tales animales. 69 (O SUREOHPD SDUHFH TXH FRQWLQXDED GRV FHQWXULDV GHVSXpV WDO FRPR UHÀHUH Sánchez Valverde. 70 La causa de la aparición de este tipo de canes parece de- berse al gran número de toros y vacas cimarrones cazados para aprovechar su piel. La costumbre de emplear perros para acorralar y acosar a las reses FUHDUtD XQ WLSR GH DQLPDO GH HVSHFLDO ÀHUH]D KDFLD HO JDQDGR YDFXQR TXH abandonado por diversas circunstancias devendría en dogos salvajes y que en Santo Domingo recibirían el apelativo de jíbaros. Las autoridades insulares se preocuparon constantemente por eliminar- los dictando órdenes al respecto. Pero la plaga subsistió, pese a los desvelos de los gobernadores, debido a las sequías y a la subsecuente muerte de ganado TXH SURSLFLDED OD PXOWLSOLFDFLyQ GH HVWDV ÀHUDV (O &DELOGR GH 6DQWR 'RPLQJR recogía el sentir del resto de poblaciones y solicitaba en 1732 del gobernador ODV yUGHQHV RSRUWXQDV SDUD ©HO H[WHUPLQLR GH ORV SHUURV MtEDURV GH OD WLHUUD dentro, que con motivo de las secas y muerte de ganados había ido en notable DXPHQWRª 71 La situación llegó a tal punto que en 1732 se ordenaba a los alcaldes or- dinarios de Higüey, El Seibo, Monte Plata y Bayaguana —poblaciones que abastecían de carnes a Santo Domingo—, y a los del resto de ciudades que recabasen de los hateros el compromiso de matar un número determinado GH SHUURV VDOYDMHV HQ IXQFLyQ GH OD H[WHQVLyQ GHO KDWR \ GH OD FDQWLGDG GH

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3