Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
310 7UDQVIRUPDFLRQHV GH OD HVFODYLWXG HQ 6DQWR 'RPLQJR FRORQLDO TXH $QWRQLR &RQJR HUD XQ ©DSDUHFLGR HQ OD KDFLHQGDª 3RU OD H[SUHVLyQ SR - GUtD WUDWDUVH GH XQ DJUHJDGR OR TXH QR HUD QDGD H[WUDxR SXHV ODV DXWRULGDGHV estaban enviando a las haciendas a un sinnúmero de vagos y malentretenidos que ponían en custodia de amos y administradores de haciendas; pero la cali- dad de aparecido que le dio Acosta a dicho esclavo apuntaba más bien a que fuera un arrimado. Los arrimados llegaban por su cuenta y luego se presenta- EDQ DQWH HO HQFDUJDGR GH OD ÀQFD SDUD RIUHFHUVH D WUDEDMDU SRU OD FRPLGD \ XQ pequeño espacio para dormir. Lo que diferenciaba la institución del agrego de la situación del arrimo era que el primero tenía en su origen la iniciativa RÀFLDO PLHQWUDV TXH HO VHJXQGR OR UHDOL]DED HO OLEHUWR R HO HVFODYR IXJLWLYR SRU cuenta propia. Pero no era ni uno ni otro, pues la siguiente declaración resultó concluyente en ese aspecto: Daniel había alquilado o empeñado al esclavo Antonio Congo en 100 pesos para que trabajase en su hacienda. Se trataba, por tanto, de un esclavo a jornal. En este caso, el alquiler se había pagado por adelantado al amo. Acerca del segundo momento, las declaraciones resumidas apuntan D TXH GHVSXpV TXH WXYR OXJDU OD HQWUHJD GH OD ÀQFD GH /RUHQFtQ $QWRQLR Congo se fue a pleitear su libertad. Se dijo, además, que no se supo de su paradero o que se desapareció de la hacienda; que después de habérsele enviado a su bohío se desapareció y después uno de los testigos le vio en el Hospital de San Nicolás, en la ciudad de Santo Domingo, y, tras saber de la muerte de su amo que lo alquilaba, puso pleito para lograr su libertad. El ciclo de Antonio Congo, esclavo jornalero, muestra cómo este podía vivir bastante alejado de su amo, pese a estar sujeto a quienes lo empleaban en alquiler, como en el caso de la estancia de Lorenzo Daniel y del Hospital de San Nicolás. La muerte del amo le da la oportunidad de comprar su liber- tad, haciendo presente ante el tribunal el precio en que fuera tasado por los terceros peritos nombrados por el mismo tribunal. Los herederos ni la caja de bienes de difuntos, si fuera el caso, se verían afectados, pues el esclavo entregaba íntegro su valor actual. Aparte de los tipos resumidos, hubo muchas otras causas de libertad en las cuales los esclavos tomaron la iniciativa de pleitear contra sus amos. Mientras las normativas legales buscaban reducirlas, estas fueron más bien en aumento. No solo reclamaron su libertad ante los tribunales de justicia, sino también la reducción de los precios de coartación, cuando lo consideraron injustamente alto, presentando como argumentos enfermedades, pérdida de miembros en accidentes laborales y otros, además de pedir el pago de jornales adeudados y de conseguir que los amos que los maltrataban fueran obligados a venderlos a otro dueño.
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