Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

289 Historia general del pueblo dominicano otra, unánimes se tomarán los medios más propios para aprender los dichos negros y destruir totalmente sus establecimientos y a dichos negros darles el GHVWLQR VHJ~Q OD LQWHQFLyQ GH QXHVWURV VREHUDQRVª 102 (O DSRGHUDGR IUDQFpV SDUD OD GHYROXFLyQ GH HVFODYRV KXLGRV A partir de 1762, y hasta la cesión a Francia, el gobierno de la vecina colo- nia consiguió establecer su representante en Santo Domingo, el cual recorrió ODV SULQFLSDOHV YLOODV HVSDxRODV ©SDUD OD UHFDXGDFLyQ GH ORV QHJURV IXJLWLYRV d’esta según los tratados y permisión de ambas majestades católica y christia- nísima y en virtud de la lisensia conferida por Su Señoría el señor presidente, JREHUQDGRU \ FDSLWiQ JHQHUDO G·HVWD \VODª (VWH FRPLVLRQDGR OODPDGR WDP - bién asistente del gobernador de la colonia francesa, fungía como apoderado de los propietarios franceses y tenía facultad para disponer la venta de los esclavos que no deberían ser devueltos a sus amos en la colonia francesa, ya sea porque eran muy viejos o porque tenían tacha de rebeldes, o por haber contraído matrimonio en la parte española. Jean Clergeau, vecino de la ciudad del Guarico en la colonia de Saint- Domingue, es el primero de estos representantes documentados que actuó en la colonia española. A partir de 1764 su nombre aparece en los registros casi siempre castellanizado como Juan Clereso o Cleresó. Desde antes, este perso- naje era conocido como negociante de reses para las carnicerías de Dajabón. Su nueva labor de localización de los fugitivos fue facilitada por la inclusión, desde febrero del mismo año, en la *D]HWD GH 6DLQW 'RPLQJXH ©GH XQ OLVWDGR GH HVFODYRV UHFODPDGRV SRU VXV SURSLHWDULRV GRQGH VH H[SUHVDEDQ VXV FDUDF - WHUtVWLFDV ItVLFDV PiV LPSRUWDQWHV SDUD VX LGHQWLÀFDFLyQª 103 Como era de esperar, la llegada del delegado del gobierno de la colonia francesa no fue recibida como un buen anuncio en Santo Domingo. Al menos en las zonas rurales provocó rechazo entre los sectores pobres propietarios de hatillos y estancias, necesitados de mano de obra esclava. Estos pequeños ha- teros y estancieros habían encontrado en los esclavos que huían de la colonia vecina, con muy poco costo, una ayuda para sus labores de campo mediante el recurso de la ocultación. Parte de la actuación del apoderado francés, cuando residió en la villa del Seibo, permitirá conocer más de cerca el alcance de su comisión. Allí iden- WLÀFy XQ LQGHWHUPLQDGR Q~PHUR GH HVFODYRV TXH HUDQ SURSLHGDG GH FRORQRV JDORV ORV FXDOHV GHELy UHWHQHU SDUD GHVSXpV GH DERQDGDV ODV FDUJDV ÀVFDOHV correspondientes, regresarlos a la colonia vecina, con guardas y bajo parti- da de registro, adonde serían reintegrados al trabajo. Los demás caían en la

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