Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

164 (O FRODSVR GH OD VHJXQGD PLWDG GHO VLJOR XVII Nombre Fecha Importe del préstamo Juan Damián de Mendoza 1 de julio de 1671 408,000 maravedíes. Rodrigo Pimentel 1 de julio de 1671 1,196,152 maravedíes. Gerónimo Pacheco 20 de diciembre de 1671 698,156 maravedíes. Capitán Pedro de Azañudo 3 de enero de 1672 884,476 maravedíes. Pedro Carvajal y Vargas (oidor) 3 de enero de 1672 218,688 maravedíes. $JXVWtQ )pOL[ 0DOGRQDGR RLGRU 3 de enero de 1672 727,568 maravedíes. Sargento mayor Lucas de Berroa 4 de enero de 1672 134,912 maravedíes. /DV OLEUDQ]DV FRUUHVSRQGLHQWHV D HVWRV SUpVWDPRV VH KDFtDQ ©SRU RUGHQ GHO SUHVLGHQWHª FRPR OLWHUDOPHQWH FRQVWD HQ ODV SDUWLGDV GH ORV OLEURV GH FXHQ - WDV GH ORV RÀFLDOHV UHDOHV (VWH PRGR GH REWHQHU IRQGRV FRQ ORV TXH FXEULU ODV más urgentes necesidades de las cajas dominicanas, si bien ayudaba a solu- cionar en parte la falta o retraso del situado, costeando con ellos gastos de IRUWLÀFDFLRQHV \ GHIHQVD DVt FRPR ORV VDODULRV GH PLOLWDUHV \ PDJLVWUDGRV GH la Audiencia, se convertía en un fuerte condicionamiento para las autoridades insulares ya que se veían obligadas a compensar a los que habían aportado su GLQHUR PHGLDQWH ©IDYRUHV HVSHFLDOHVª FRPR OD FRQFHVLyQ GH FDUJRV DVFHQVRV o incluso ignorando negocios de carácter ilegal, relacionados frecuentemente con el contrabando o con almonedas que solían seguir a decomisos de barcos H[WUDQMHURV 37 $\XGD D FRQRFHU OR PXFKR TXH HO VLWXDGR VLJQLÀFDED SDUD OD SREODFLyQ en general el recordar la forma en que se celebraba en la capital la llegada del esperado socorro económico. Se organizaban festejos con motivo de la arribada del barco que lo transportaba. Al atravesar el maestre de la plata las puertas de la ciudad repicaban las campanas y los vecinos acudían a recibirlo con gran alborozo, con la idea de que con él llegaría la solución a la escasez de plata y moneda corriente que se padecía en la colonia. Veían también en esta celebración una ocasión, entre las pocas similares que se les podían presentar, de olvidar sus cotidianas preocupaciones y penurias. Entre estas no eran las menores la falta de alimentos y de vestidos entre gran parte de la población, en particular los que vivían en el núcleo urbano de Santo Domingo, ya que la mayoría no contaba ni con un conuco que aliviase sus necesidades más perentorias con los productos que de él se obtuviesen, ni con ganado o ani- mal de granja alguno, como era el caso de los que vivían en el campo o en

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