Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

158 (O FRODSVR GH OD VHJXQGD PLWDG GHO VLJOR XVII Estas compañías o tropas del norte y sur de la isla sumaban entre las dos sesenta soldados cuando el presidente-gobernador Balboa las suprimió. Como motivo alegó falta de medios para abonar los salarios y no encontrar cabos que quisiesen hacerse cargo de ellas, alejados de la ciudad de Santo Domingo y con un muy corto estipendio. Esta actuación de don Juan de Balboa levantó duras críticas en la isla y por ella recibió fuerte reprensión SRU SDUWH GHO &RQVHMR GH ,QGLDV /OHJy LQFOXVR D DÀUPDU TXH OD GHFLVLyQ SRU pO tomada se debía a que el rey de España no quería pagar a negros ni mulatos. Cuando apenas hacía seis meses que dichas tropas habían dejado de proteger la zona denominada de la Tierra Adentro, la población de Santiago de los Caballeros fue atacada. En agosto de 1661 se ordenó la reorganización de las compañías de vigi- lancia, sobre todo costera y de las bocas y ríos por donde no dudaban en aden- trarse piratas o contrabandistas, pero este intento de reconstitución no se hizo realidad hasta abril de 1666 cuando el presidente Carvajal y Cobos informó al Consejo de Indias haber cumplido lo ordenado casi cinco años antes. Se leye- ron bandos de reclutamiento en Santo Domingo, Azua, Concepción, Santiago de los Caballeros, San Juan Bautista de Bayaguana, Salvaleón de Higüey, Santa Cruz del Seibo y Monte Plata, entre diciembre de 1666 y enero de 1667. Finalmente, se logró reunir los sesenta hombres necesarios. 24 Prosiguieron las irregularidades en lo referente a ambas tropas. Pese a lo probado de su necesidad, parece que tampoco funcionaron satisfactoriamente durante los años que siguieron y desaparecieron una vez más. En 1679 Carlos II aprobó su restablecimiento. Tres años después, el cabo de la tropa de la banda sur, que vigilaba la bahía de Ocoa y la costa de Nizao, a sotavento del puerto de Santo Domingo, avisó de la llegada de un navío inglés con armazón de negros. Se suponía que sufría averías debidas al temporal, además de falta de bastimentos. Gracias a esta comunicación conocemos el número de los soldados por entonces integrados en la tropa, así como los nombres de sus RÀFLDOHV LQIDQWHV UDVRV PDQGDGRV SRU HO FDSLWiQ 3HGUR 9LFLRVR HO DOIpUH] Lorenzo Manso, el sargento Juan Martín y el cabo Francisco de Castro. 25 Cinco años más tarde, el presidente-gobernador y capitán general Andrés de Robles informaba al rey de la situación de las dos tropas, la de la banda norte y la de OD EDQGD VXU LQWHJUDGDV HQ VX PD\RUtD SRU H[WUDQMHURV FRQ KRPEUHV OD GHO sur y 12 la del norte. De estos últimos, siete resultaron ser criados y allegados GHO FDSLWiQ \ DPEDV FRQWDEDQ FRQ PiV RÀFLDOHV GH ORV TXH SRU RUGHQ UHDO VH prescribían. Claramente se habían convertido estas agrupaciones en un ejem- plo más de la desidia y del nepotismo imperante en la colonia, poniéndose al servicio de los intereses de la élite hispano-dominicana. Intentaba Robles

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