Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 157 en la capital y estaba formada por vecinos de esta. La había reorganizado Montemayor y Cuenca, con la aprobación del rey Felipe IV y el Consejo de Indias, a la muerte de don Andrés Pérez Franco. En ella se integraron hasta 49 GH ORV PiV GHVWDFDGRV FDEDOOHURV GRPLQLFDQRV ©JHQWH GH OR PiV QREOH SDUD que pudiesen sustentar sus caballos y armas y salir de dos en dos meses a KDFHU VXV DODUGHVª 20 Entre los capitanes de esta compañía de caballería se encontró en su ju- ventud uno de los personajes más destacados del siglo XVII en Santo Domingo, el ya mencionado don Rodrigo Pimentel. En 1693 era capitán de esta compa- ñía don Antonio de Larrea, también miembro de la élite dominicana. Este úl- timo fue nombrado para este cargo por el presidente-gobernador Pérez Caro como recompensa a su destacada actuación contra los franceses en la batalla de la Sabana Real de La Limonade en 1691. Tenía asignado un sueldo de 80 pesos al mes, y como solían disponer de los cargos para asegurarse mejoras en su posición social, con promesa futura para la plaza de ayudante de campo general, si quedase vacante. 21 Las cincuentenas eran compañías de lanceros, a pie y a caballo, constitui- GDV SRU FLYLOHV YROXQWDULRV 6X ÀQ SULQFLSDO FRQVLVWtD HQ SURWHJHU ORV SXHEORV del interior de los ataques o de la penetración de los franceses. Eran realmente temidas por los de Saint-Domingue, que fueron quienes le adjudicaron su nombre. Con frecuencia impedían la penetración de los bucaneros que se adentraban hacia el este a la caza de ganado cimarrón. Eran muy arriesgadas y efectivas en los combates cuerpo a cuerpo y no dudaban en incendiar ha- ciendas y sementeras para evitar el avance de los galos, defendían su supervi- vencia en la isla donde habían nacido en su mayoría y en la que tenían familia, propiedades e intereses. 22 En 1651 seguía disponiendo Santo Domingo tan solo de dos compañías de infantería del presidio cuando su gobernador y capitán general, don Luis Fernández de Córdoba, ordenó la creación de otras dos, para evitar las con- VHFXHQFLDV GH ODV IUHFXHQWHV LQFXUVLRQHV GH EXFDQHURV \ ÀOLEXVWHURV )XHURQ estas últimas destinadas a la protección y vigilancia de las costas, bocas de ORV UtRV \ VXV SUR[LPLGDGHV GHQRPLQiQGRVH VHJ~Q OD GRFXPHQWDFLyQ GH OD pSRFD ©WURSD GH OD EDQGD QRUWHª \ ©WURSD GH OD EDQGD VXUª 6HUYtDQ HQ FDGD una de ellas 27 soldados que recibían como salario ocho ducados al mes, y sus respectivos cabos, por el mismo período de tiempo, 16 ducados y más tarde, 24. El propósito inicial había sido que cada tropa contara con 30 soldados, naturales de los reinos de España, de las Indias y, por descontado, de la isla GH OD (VSDxROD (Q OD SUiFWLFD GXUDQWH DxRV VXV FRPSRQHQWHV IXHURQ FDVL H[ - clusivamente de procedencia peninsular. 23

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