Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II

Historia general del pueblo dominicano 151 posterioridad para algunos historiadores se convirtió en una subcolonia de Francia. El estado de guerra constituyó una constante a lo largo de las tres décadas anteriores a 1697 entre los habitantes de ambas zonas de la Española. Simultáneamente, con independencia de que las Coronas de Francia y España estuviesen en situación de paz o de hostilidad entre ellas, continuaron, en mayor o menor grado pero sin interrumpirse, los intercambios comerciales entre los habitantes de la colonia gala y los hispano-dominicanos. Desde los primeros años de la década de los sesenta ya hay noticias de que se realizasen dichos intercambios, que aumentaron progresivamente a la par que crecía la población de la zona occidental y necesitaban mayor cantidad de productos básicos de la que ellos disponían. El comercio intérlope, sobre todo con los holandeses, solía tener por esce- nario las costas y las desembocaduras de algunos ríos y no había desaparecido ni aun por el temor de los habitantes de la región a ser castigados, teniendo ante sus ojos los terribles efectos de las despoblaciones de Osorio. Debido al HVFDVR WUiÀFR PHUFDQWLO FRQ OD PHWUySROL \ D TXH ODV SRFDV PHUFDQFtDV TXH de allá llegaban eran acaparadas por negociantes de la capital, los habitantes hispano-dominicanos del resto de la isla tenían que recurrir a este comercio LOtFLWR &RQRFtDQ OD H[LVWHQFLD GH WDOHV WUDWRV WDQWR ODV DXWRULGDGHV LQVXODUHV como metropolitanas que los perseguían y reprobaban, pero con seguridad los consideraban indispensables para cubrir, al menos en parte, las necesida- des de los moradores de la colonia. 9 Será en este siglo cuando se denomine más repetidamente a la parte conservada por los hispano-dominicanos como Santo Domingo, al igual que su capital, y Saint-Domingue a la que habría de convertirse en la más productiva de las colonias francesas y, ya en el siglo XIX , en la República de Haití. Recordemos que hubo frecuentes incursiones de los galos en tierras del (VWH VHJ~Q /XLV ;,9 D TXLHQ UHFODPDURQ RÀFLDOPHQWH GHVGH (VSDxD QR HUDQ organizadas por las autoridades francesas, sino asuntos de piratas, bucaneros o aventureros). Fueron rechazados los ataques a Santiago, Cotuí, Samaná, logrando los hispano-dominicanos rotundas victorias sobre sus vecinos inva- sores en las batallas de La Limonade o el Guarico en 1691 y 1695. 10 Alejada de los vaivenes de la política europea, de la lucha por el dominio GH ORV PDUHV \ GHO FRPHUFLR DVt FRPR GH ORV SODQHV GH H[SDQVLyQ FRORQLDO pero a la vez afectada por todo ello, Santo Domingo llegará a las últimas dé- cadas del siglo XVII sobreviviendo como colonia española en declive. Esto fue posible, insistimos, gracias a la venta sobre todo de carne y cueros de gana- do vacuno imprescindibles para los galos. Eran además objeto de comercio otras mercancías, en menor cantidad pero demandadas aún por los franceses

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