Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
150 (O FRODSVR GH OD VHJXQGD PLWDG GHO VLJOR XVII entre ellos, es posible destacar que los monteros precedieron en su actividad cazadora a los bucaneros. Los primeros cazaban ganado cimarrón (reses, cer- dos, caballos) desde los años iniciales del siglo XVI , mientras los bucaneros no comenzaron su actividad hasta ya avanzado el siglo siguiente. Otra dife- rencia consistía en que los monteros no usaban armas de fuego para cazar y los bucaneros sí. Por otra parte, estos, tras medio siglo de ejercer la actividad que les caracterizó y dio nombre, mostraron su tendencia a convertirse en ©SHUURV GH PDUª IRUEDQWHV \ ÀOLEXVWHURV \ ORV UHVWDQWHV IXHURQ DVLPLODGRV por los otros grupos que integraban la sociedad de la nueva colonia francesa HQ OD 7LHUUD *UDQGH (O PRQWHUR HV XQD ÀJXUD TXH SHUGXUD D OR ODUJR GH OD HUD colonial en el Santo Domingo español y constituyó un elemento importante HQ OD FRQIRUPDFLyQ GH OD LGHQWLGDG GRPLQLFDQD $ ÀQHV GHO XVII los monteros participaron muy activamente en las batallas de La Limonade y del Guarico, en 1691 y 1695, correspondiéndoles buena parte del mérito del triunfo de los hispano-dominicanos sobre las tropas francesas. 8 5HGHÀQLFLyQ GHO SDSHO GHO HVWDEOHFLPLHQWR HVSDxRO Tras el ya citado desalojo de la Tortuga por Montemayor en 1654, y su SURQWD YXHOWD D PDQRV H[WUDQMHUDV HO WHUULWRULR RFXSDGR SRU ORV JDORV HQ HO norte y noroeste de la Española se ampliaba rápidamente. La mayor parte de la zona que había quedado despoblada tras las citadas Devastaciones de Osorio se convirtió en un establecimiento próspero, cultivado por engagés y colonos franceses, en contraste con la fuerte depresión económica en que se hallaba inmersa la parte oriental bajo dominio español. Los vecinos de la capi- WDO QR WHQtDQ FRQFLHQFLD GH OR TXH HVWDED VXFHGLHQGR HQ HO H[WUHPR RSXHVWR GH la isla, ni de la trascendencia del abandono del islote que volvería a ser nido GH SLUDWDV \ ÀOLEXVWHURV 0LHQWUDV DFDHFtD OR KDVWD DTXt H[SXHVWR HQ OD ]RQD GHO RHVWH RFXSDGD por los franceses siendo posesión española, establecieron haciendas y planta- ciones, con el apoyo directo del rey de Francia. Con la llegada de numerosos esclavos negros y nuevos colonos, convirtieron las tierras desiertas pero férti- les en una colonia en pleno auge, densamente poblada, que sería reconocida como posesión de Francia en 1697. A partir de esta fecha se regularizaron y aumentaron las relaciones comerciales entre los habitantes de las dos partes de la isla, súbditos, respectivamente, de Luis XIV, de la Casa de Borbón, y Carlos II, último de los Austrias españoles. De este modo se fue forjando en el último tercio de siglo una profunda transformación en el modo de vida y en la economía de la todavía posesión española de Santo Domingo, que con
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