Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
136 La decadencia de la población y de la economía de estancias hasta mediados del siglo XVII Cada maniel tenía una cultura propia. Sus miembros no pertenecían a una sola etnia y además de algunos usos o creencias heredados de sus ancestros, que en la mayoría de las veces desembocaba en el sincretismo religioso, en otros aspectos parecían haber asimilado aún en mayor grado la cultura his- pánica. Muestra de ello, entre otras muchas, podría ser el hecho de tomar la monarquía como forma de gobierno, o la manera de organizar la defensa del palenque o maniel cuando les encontraban las tropas de buscadores. La mayoría abrumadora de sus líderes fueron ladinos, buenos conocedores de la cultura y estilo de vida de los que habían sido sus opresores. ([SHGLFLRQHV SDUD OD E~VTXHGD GH FLPDUURQHV El esclavo constituía el bien más preciado de los habitantes de la isla, no solo de los de más alta posición. Vecinos de la capital, de Santiago y de los otros núcleos de población, además de utilizar al esclavo para obtener ganan- cias alquilándolos a otros como jornaleros, en ocasiones preferían venderlos en otros lugares del continente, como Panamá. 89 Este hecho de la venta de es- clavos como solución a la escasez de medios tuvo repercusión negativa en la economía de la isla y constituyó otro factor entre los causantes de la situación de pobreza. Por otra parte, se valoraba más la posesión de un determinado Q~PHUR GH HVFODYRV TXH SRQtD GH PDQLÀHVWR OD SRVLFLyQ HFRQyPLFD \ VREUH todo, social del amo que la propiedad de territorios. Quizás por el deseo de recuperar estos bienes perdidos, se organizaban partidas de búsqueda de ci- marrones, lo que suponía un costo elevado para una economía tan precaria en estos primeros cincuenta años del siglo XVII . Otro motivo que impulsaba a las autoridades insulares a la persecución y captura de los fugitivos y a la erradicación de los manieles fue el miedo a que se aliasen con holandeses, ingleses o franceses, cada día con mayor presencia en la zona del Caribe. +XER H[SHGLFLRQHV D YHFHV FRQ FRUWR Q~PHUR GH SDUWLFLSDQWHV VLHPSUH FRQ un capitán, alférez o sargento a su mando, que obtuvieron pobres resultados H[SUHVDGRV HQ HO HVFDVR Q~PHUR GH FDSWXUDGRV IUHFXHQWHPHQWH PXMHUHV R HV - clavos que recientemente se habían escapado. A la llegada de los buscadores, los cimarrones desalojaban su escondite y se trasladaban a lugares aún más difíciles de localizar. En ocasiones, como sucedió al capitán Peguero, buscan- do fugitivos sueltos, encontraban un maniel o conseguían información sobre la localización de otro. El hallado en 1610 por dicho capitán estaba en la sierra de Las Cabuyas, a siete leguas de Santo Domingo. Tras llegarle los refuerzos de 20 hombres que pidió al gobernador, lucharon contra 46 negros armados y DWULQFKHUDGRV TXH ÀQDOPHQWH GHFLGLHURQ VRPHWHUVH FRQ OD FRQGLFLyQ GH TXH
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