Historia General del Pueblo Dominicano Tomo II
Historia general del pueblo dominicano 135 en campamentos organizados, estables, en lugares generalmente montaño- sos, de difícil acceso para sus perseguidores. 87 Se asientan así los manieles o palenques en los que los cimarrones formaban familias y establecían sistema de defensa y vigilancia e incluso sembrarán sus conucos. Las fugas en grupo, casi siempre con un cabecilla o líder, sí constituían una amenaza considerable para las estructuras del poder coloniales. Los esclavos fugitivos, los cimarrones, conforme avanza el siglo, al conse- JXLU VHU DXWRVXÀFLHQWHV VH IXHURQ KDFLHQGR PHQRV YLROHQWRV FRPHWtDQ PHQRV ataques a sus antiguos amos que en la centuria precedente cuando escapaban GHO DJRWDGRU WUDEDMR GH ORV LQJHQLRV \ WUDSLFKHV \ GH ODV H[LJHQFLDV GH VXV dueños que querían amortizar a toda costa el dinero invertido en su compra. Mantenían relaciones comerciales, de intercambio con monteros y pobladores GHO LQWHULRU LQFOXVR FRQ SLUDWDV \ FRPHUFLDQWHV H[WUDQMHURV TXH FRQWLQXDEDQ con los rescates. Se arriesgaban en ocasiones a hacer alguna incursión en Santo Domingo en ciertas fechas señaladas como el Corpus. Al disminuir el número de esclavos por la falta de moneda corriente en la isla en el siglo XVII , además de por la situación de pobreza en general, se reducía simultáneamente el nú- mero de cimarrones, sin llegar a desaparecer. A la vez desarrollaban notables habilidades de supervivencia utilizando los escasos medios que les propor- cionaba el entorno tan hostil en que vivían (elaboración de armas elementales SHUR HÀFDFHV PDFKHWHV GHVMDUUHWDGHUDV ODQ]DV DUFRV \ RWURV Los manieles solían estar en sierras, algunas no muy alejadas de la capi- tal. Acostumbraban a contar con una fuente para proveerse del agua, conucos en los que cultivaban maíz, yuca, plátanos y lo indispensable para su sobria alimentación que se completaba con carne de aves o de lo que cazaban y pescaban, amén de los abundantes frutos silvestres. Solían estar gobernados por un rey y organizados con bastante rigor y disciplina. Por su propia se- guridad, intentaban evitar, castigándolas y persiguiéndolas, las deserciones, que podían delatar a las autoridades la presencia del enclave insurrecto. Al no disponer de moneda, utilizaban cueros de reses cimarronas para obtener avituallamientos imposibles de conseguir en su entorno, como la sal. Solían FRQWDU FRQ XQ DOPDFHQDPLHQWR GH YtYHUHV VXEWHUUiQHR \ XQ iUHD IRUWLÀFDGD FRQ IRVRV \ HVWDFDV DÀODGDV /DV VHUUDQtDV GHO %DRUXFR IXHURQ OD ]RQD GRQGH mayormente se alzaron manieles desde el levantamiento de Enriquillo. Gracias a la libertad de que gozaban y que parecía ser su más valiosa posesión, los cimarrones pudieron conservar los rasgos culturales, o al me- nos algunos de ellos, de las diferentes etnias africanas de las que procedían (mandinga, biafara, wolof, angola, guinea, terranova, etc.). 88 No obstante, HVWD ~OWLPD DÀUPDFLyQ QR LPSOLFD TXH OD FXOWXUD FLPDUURQD IXHUD XQLIRUPH
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